La filosofía también es para los niños

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Duración lectura: 1m. 33s.

Salvo en Rusia, donde la filosofía forma parte del plan de estudios de la enseñanza primaria, esa asignatura -si existe- se reserva para los últimos cursos de secundaria. Pero se está extendiendo un movimiento pedagógico dirigido a familiarizar a los niños con la reflexión filosófica desde edad tan temprana como los seis años. No se trata de que estudien las obras de los filósofos, sino de enseñarles a pensar y argumentar. El último Congreso Mundial de Filosofía, celebrado en Boston el pasado mes de agosto, dedicó una sesión a estas iniciativas, y la UNESCO ha puesto en marcha un programa para fomentarlas.

El “padre” del movimiento es el estadounidense Matthew Lipman, que en 1974 fundó el Instituto para el Progreso de la Filosofía para Niños, con sede en la Universidad de Montclair. Lipman es el autor de Harry, el primer manual escolar de la materia, hoy traducido a veinte idiomas y empleado en unos cuarenta países. “Lo que se aprende en la escuela -señala en la revista Fuentes, de la UNESCO- es información. Pero la información no es juicio ni razonamiento. Hay que ayudar a los niños a reflexionar, a debatir y a elaborar juicios sólidos. Esto no puede hacerlo otra asignatura que la filosofía”.

El método se basa en hacer que los niños reflexionen en común. Se trata, como explica otro destacado promotor de esta enseñanza, el australiano Philip Cam, de “hacer las preguntas adecuadas, elaborar hipótesis plausibles, analizar diversos puntos de vista, escuchar a los demás y aceptar las críticas”.

Uno de los países donde más escuelas primarias imparten programas de filosofía es Brasil, que cuenta con 8.000 profesores acreditados que dan clase a unos 180.000 alumnos de seis a quince años.

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