Las líneas de fractura entre civilizaciones

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Duración lectura: 4m. 32s.

En la nueva realidad geopolítica, los principales focos de conflicto serán los choques entre civilizaciones. Así argumenta Samuel P. Huntington, analista del Departamento de Estrategia de la Universidad de Harvard, en un artículo publicado en el número de verano de Foreign Affairs, sintetizado en International Herald Tribune (8-VI-93).

La política mundial está entrando en una nueva fase en la que la fuente fundamental de conflictos no será ideológica ni económica; las grandes divisiones de la Humanidad y las fuentes dominantes de conflictos serán culturales, entre naciones y grupos de civilizaciones diferentes.

(…) Los occidentales tienden a pensar en las Naciones-Estados como los actores principales de los asuntos mundiales. Lo han sido sólo durante unos pocos siglos. La Historia, en sus dimensiones más amplias, ha sido historia de las civilizaciones. A este modelo es al que vuelve el mundo. La identidad de las civilizaciones será cada vez más importante, y la forma del mundo dependerá en gran medida de la interacción de siete u ocho grandes civilizaciones: la occidental, la confuciana, la japonesa, la islámica, la hindú, la eslava-ortodoxa, la iberoamericana y posiblemente la africana. Los conflictos más importantes y sangrientos ocurrirán a lo largo de las fronteras que separan estas culturas: las líneas de separación entre las civilizaciones serán las líneas de batalla en el futuro.

¿Por qué? En primer lugar, las diferencias entre civilizaciones son fundamentales porque afectan a la historia, al idioma, a la cultura, a la tradición, y muy especialmente a la religión. Las distintas civilizaciones tienen nociones divergentes acerca de las relaciones entre Dios y el hombre, el ciudadano y el Estado, los padres y los hijos, la libertad y la autoridad, la igualdad y la jerarquía. Estas diferencias son producto de siglos y no desaparecerán pronto.

En segundo lugar, el mundo se está haciendo más pequeño. Están aumentando las interacciones entre los pueblos de diferentes civilizaciones y ello intensifica la conciencia de civilización: la comprensión de las diferencias entre las civilizaciones y de los puntos comunes dentro de ellas.

En tercer lugar, hay cambios económicos y sociales que están disociando a los pueblos de sus antiguas identidades regionales. En buena parte del mundo, la religión ha venido a llenar esa brecha, con frecuencia en forma de movimientos calificados como fundamentalistas. (…) “La ‘des-secularización’ del mundo -según ha señalado el sociólogo George Weigel- es uno de los hechos sociales dominantes de la vida a finales del siglo XX”.

En cuarto lugar, el aumento de la conciencia de civilización se halla potenciado por el hecho de que en el momento en que Occidente se encuentra en la cumbre de su poder está ocurriendo un fenómeno de retorno a las raíces entre las civilizaciones no occidentales. Este fenómeno incluye la asiatización de Japón, el fin del legado de Nehru y la hinduización de la India, el fracaso de las ideas occidentales de socialismo y nacionalismo y, por ello, la reislamización del Oriente Medio, y ahora el debate sobre occidentalización contra rusificación en el país de Boris Yeltsin. Más importante es que los esfuerzos de Occidente para fomentar sus valores de democracia y liberalismo como valores universales, para mantener su dominio militar y hacer avanzar sus intereses económicos, producen respuestas adversas de las otras civilizaciones.

En quinto lugar, las características y diferencias culturales son menos mudables y, por tanto, se transige en ellas con menos facilidad que en las políticas y económicas. En la antigua Unión Soviética, los comunistas pueden hacerse demócratas y los ricos pueden hacerse pobres, pero los rusos no pueden hacerse estonios. Una persona puede ser medio francesa y medio árabe e incluso ciudadana de dos países. Es más difícil que sea medio católica y medio musulmana.

(…) Al desaparecer la división ideológica de Europa, ha resurgido la división cultural entre cristianismo occidental, cristianismo ortodoxo e islamismo. El conflicto a lo largo de las líneas de separación entre las civilizaciones occidental e islámica se ha prolongado durante 1.300 años. Esta interacción militar multisecular es improbable que decaiga. Históricamente, la otra gran interacción antagonista de la civilización árabe-islámica ha sido con los pueblos negros del Sur, paganos, animistas y ahora crecientemente cristianos.

En la frontera septentrional del Islam han brotado cada vez más conflictos entre pueblos ortodoxos y musulmanes. En ellos entra la carnicería de Bosnia y Sarajevo, la amenazadora violencia entre serbios y albaneses, las tirantes relaciones entre los búlgaros y su minoría turca, la violencia entre osetas e inguses, la incesante matanza mutua entre armenios y azeríes y las tensas relaciones entre rusos y musulmanes en Asia Central.

La colisión histórica entre musulmanes e hindúes en el subcontinente indio se manifiesta no sólo en la rivalidad entre la India y Paquistán, sino también en la cada vez más intensa lucha religiosa, en la India, entre grupos hindúes crecientemente militantes y la importante minoría musulmana.

(…) En el futuro previsible no habrá una civilización universal sino un mundo de diferentes civilizaciones, cada una de las cuales tendrá que aprender a coexistir con las demás.

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