La velocidad de Europa

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Duración lectura: 5m. 14s.

A medida que se agrava la crisis de la eurozona, surge la idea de una Europa a dos velocidades: un núcleo duro liderado por Francia y Alemania con los países que gozan de estabilidad financiera, y una periferia formada por los otros que frenan su avance por diversos motivos: el Reino Unido con sus euroescepticismo; los países endeudados del Sur y los del Este, acusados de debilitar el proyecto político europeo. Frente a esta idea, salen a la palestra europeístas convencidos como Jacques Delors, ex presidente de la Comisión Europea, en unas declaraciones a El País (11-11-2011).

Frente a la crisis del euro, Delors afirma que no es el momento de replegarse sino de “relanzar el proyecto político europeo dotando a las instituciones comunitarias de más poder e iniciativa y volver al método comunitario como vía privilegiada de consolidación europea”. A su juicio, el abandono del euro perjudicaría a todos. Para un país rico, como Alemania, supondría “una pérdida muy importante de salidas comerciales”. Para otros países, exigiría “una reducción drástica de su nivel de vida, con políticas sociales que serían amputadas”.

A su juicio, el origen de los problemas del euro está en que junto al pacto de estabilidad monetaria y el principio de solidaridad, hacía falta “un acuerdo de coordinación de las políticas económicas”, y esto no fue aceptado. “La crisis financiera mundial ha precipitado la crisis del euro, pero aunque no hubiese habido crisis financiera, un día u otro habría habido una dificultad para el euro, debido al endeudamiento excesivo de algunos países”. Delors reprocha a los Estados que hayan buscado acuerdos entre gobiernos, en vez de fortalecer la Comisión Europea. “Son los Estados los responsables de la situación actual, no la Comisión como institución. Son ellos los que han abandonado voluntariamente el método comunitario, el único que puede hacer funcionar la maquinaria para consolidar de nuevo Europa”. En cambio, “hemos vuelto al mundo europeo de los monstruos fríos donde cada uno defiende sus intereses y busca imponer su opinión”.

Delors advierte que “el euro está al borde del abismo”, y que Alemania y Francia han tenido el papel de bomberos. “Pero entre jugar a ser bombero y a ser arquitecto hay una diferencia. Cada vez que Alemania y Francia, solos, han querido hacer avanzar la construcción europea, han encontrado la hostilidad de los demás países o la Comisión les daba un toque de atención”.

También el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, ha salido al paso con discurso pronunciado en Berlín, que es un llamamiento a Alemania. Primero recuerda que ningún país puede decir que no necesita al resto de Europa, tampoco Alemania, cuyo crecimiento y empleo depende también de sus exportaciones al resto de Europa.

Europa debe transformarse, pero hacia una mayor unidad. “La velocidad de la Unión Europea, y con mayor razón de la zona euro, no puede ser la velocidad de sus miembros más lentos o reacios”. Pero a la vez advierte que “una Unión fracturada no funcionará. Esto es cierto para una unión con distintas partes que buscan diferentes objetivos; para una Unión con un núcleo integrado y una periferia desintegrada; una Unión dominada por un desequilibrio de poder o, en definitiva, sin ningún tipo de dirección”. El reto es “cómo profundizar en la integración de la zona euro sin crear divisiones con los que no están todavía en ella”. Y anuncia que, antes de finales de mes, la Comisión propondrá medidas adicionales para profundizar la UE y la gobernanza económica de la zona del euro.

Reconoce que en los últimos meses Alemania se ha visto obligado a asumir responsabilidades en la UE frete a una presión enorme de los mercados. Pero le pide que “muestre liderazgo en cooperación” y “con un espíritu comunitario”.

Los tecnócratas al mando

En los países del Sur de Europa agobiados por la crisis, se confía el gobierno a técnicos que den credibilidad a la aplicación de las reformas, según señala Enric Juliana en La Vanguardia (11-11-2011).

Juliana observa que mientras las economías empeoran cada vez más, “los gobiernos de acentuada vocación ideológica caen y toman el relevo mayorías de salvación nacional”. El tiempo de la tecnocracia ha vuelto para intentar salvar lo que está a punto de hundirse. El pesimismo se ha adueñado de las sociedades de los países en crisis que reclaman un cambio político. Ante una perspectiva tan desesperanzadora, estos países confían su salvación a personas que esperan que estén por encima de las rencillas políticas y se centren en salir de la crisis. Son fundamentalmente técnicos y se encuentran puestos destacados de su actividad.

En el caso Grecia, Lucas Papademos ex vicepresidente del Banco Central Europeo y ex gobernador del Banco de Grecia. Mario Monti, ex comisario europeo dela competencia, es un economista de prestigio internacional. Además cuenta con la confianza de Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo.Pero donde comenzó todo fue en Portugal. El nuevo gobierno de Pedro Passos Coelho recupera el tradicional espíritu contable de la derecha portuguesa. El actual presidente de la República Aníbal Cavaco Silva es también economista y es el que ha colocado en la cartera de Economía y Empleo a Álvaro Santos Pereira. Santos es a un economista de 39 años de la Universidad de Vancouver (Canadá).

La tarea no va a ser nada fácil. En la mayor parte de los casos, las medidas que se van a imponer son impopulares. En Grecia, los recortes y los despidos continuarán creciendo y aumentando el descontento social. Veremos quién gana el pulso. En Italia se respira un mayor optimismo. Ahora queda la duda de si estos tecnócratas llamados a salvar las economías de los países serán capaces de hacerlo.