Jornada de oración por la paz en Bosnia

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Duración lectura: 1m. 54s.

Aunque algunos no lo crean así, “la oración, unida al sacrificio, es la fuerza más potente de la historia humana”. Así explicó Juan Pablo II el sentido de la jornada de oración por la paz en los Balcanes, que convocó para el domingo 23 de enero, precedida por un día de ayuno, el viernes 21.

La guerra en Bosnia fue uno de los argumentos centrales de la predicación y de los discursos oficiales de Juan Pablo II en las últimas semanas. Junto a eso, el Papa organizó en el Vaticano, el 4 y el 5 de enero, un encuentro de estudio sobre las raíces y la realidad del conflicto, en el que participaron representantes eclesiásticos, de organizaciones internacionales y especialistas en historia y política de la región.

El Pontífice reafirmó el principio de injerencia humanitaria, explicando que “no se trata, en primera instancia, de una intervención de tipo militar, sino de accciones que están dirigidas a procurar el ‘desarme’ del agresor”. Recordó también que “la intervención humanitaria más potente sigue siendo la oración, sobre todo cuando va acompañada del sacrificio y del sufrimiento”.

Con motivo de la jornada, el Consejo Pontificio “Justicia y Paz” publicó un llamamiento donde se afirma que esta iniciativa de Juan Pablo II está urgida por la constatación de que “Europa puede morir en los Balcanes”. El citado documento subraya que la paz es posible, y que “no se trata de un eslogan”: que hace falta, sin embargo, “más valentía para construir la paz que para emprender la guerra”.

La convocatoria alude a las responsabilidades de la comunidad internacional, y denuncia que “es un crimen por omisión dejar que los pueblos se destruyan entre sí, esperando una paz que sería fruto marchito de la extenuación”. La comunidad internacional, en sus diversas instancias, debe tener la valentía de “asumir plenamente su obligación de hacer respetar los derechos del hombre”. Debe hacer “todo lo posible para no dejar que el problema de las minorías se resuelva mediante la expulsión, el traslado o, peor aún, el exterminio de poblaciones enteras. Hay renuncias colectivas que adquieren el aspecto macabro de la cobardía más vergonzosa”.

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