Europa del Este frente al muro comercial del Oeste

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Duración lectura: 2m. 42s.

Cuando cayó el Telón de Acero, a los países de Europa del Este se les predicó la buena nueva del libre comercio. Para salir de su atraso, tenían que abrirse al mercado internacional, producir a precios competitivos, dejar de subvencionar sus producciones. Y así han ido haciéndolo. Pero ahora tropiezan con el proteccionismo de la Comunidad Europea, que pone barreras a los productos que estos países podrían vender en el Oeste.

Consecuencia de este nuevo telón de acero comercial: mientras que en 1989 la CE compraba a estos países más de lo que les vendía, en 1992 tiene un superávit de 3.100 millones de dólares en su balanza comercial con ellos. Tal política está creando un creciente malestar en estos países, que ven frustrarse sus deseos de incorporarse económicamente al resto de Europa.

“Es difícil hacer campaña en favor del libre comercio ante los campesinos polacos, los pescadores o los trabajadores de la industria textil, cuando sus productos tienen que competir con los productos subsidiados en el Oeste”, se quejaba la jefa del gobierno polaco, Hanna Suchocka, en un seminario que se acaba de celebrar en la Universidad suiza de St. Gallen. “Tan pronto como logramos exportar algo con éxito, el Oeste reacciona con mayores aranceles, cuotas y contingentes”, declara el primer ministro checo Vaclav Klaus. No es extraño, pues, que la CE esté perdiendo su buena imagen en el Este.

¿Pero tanto tiene que temer la CE de las exportaciones de Europa del Este? En realidad, del total de importaciones de la CE en 1992, sólo el 3,8% correspondía a Europa del Este (Hungría, Polonia, la República Checa, Eslovaquia, Rumania y Bulgaria). Pero la ventaja comparativa de estos países -gracias a sus salarios más bajos- se hace notar en sectores como la agricultura, el acero, los textiles o la química, que atraviesan dificultades en el Oeste. Y la CE se resiste a cambiar.

Una cosa es predicar al Este que el ajuste económico exige una dolorosa fase de transición. Y otra aplicar en casa la misma receta, cuando se trata de reestructurar sectores que tienen un exceso de capacidad o no son competitivos. En un reportaje dedicado a este tema, Time (17-V-93) pone un ejemplo significativo sobre el nuevo “telón de acero”. La siderurgia en Europa es un sector subsidiado, con exceso de capacidad y mano de obra sobrante. Pero también es verdad que la siderurgia polaca está suprimiendo 70.000 empleos, tantos como toda la CE. Y las exportaciones de acero polaco a la CE representaron el pasado año sólo el 0,6% de la producción total de acero de la CE. No se puede decir, pues, que esas exportaciones tengan gran influencia en el problema siderúrgico del Oeste.

Es verdad que la CE no ha vuelto la espalda a la Europa del Este: el 60% de la ayuda que reciben estos países procede de la CE. Pero los dirigentes del Este alegan que no tiene mucho sentido ayudar a las reformas económicas, si después no se abren los mercados para su producción. La mejor ayuda es quitar barreras al comercio.

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