El pueblo de Letonia alza su voz frente a la corrupción y la crisis

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Duración lectura: 3m. 18s.

Riga. La tarde del 13 de enero de 2009, más de diez mil ciudadanos letones se concentraron delante de la Saeima (Parlamento), convocados por un nuevo partido político de ideología socioliberal, Cita Politika (Otra Política). Sus promotores fueron, en su mayoría, diputados en anteriores legislaturas por distintos partidos; otro es un ex ministro de Asuntos Exteriores. Si, como parece probable, dimite el gobierno actual -formado por una coalición de dos partidos de ideología derechista- y se convocan elecciones el próximo mes de marzo, Cita Politika acudiría por primera vez a las urnas.

El nuevo partido plantea un programa muy ambicioso: dar un giro total a la política realizada en estos 17 años de independencia y democracia, centrando su trabajo en la persona y sus necesidades, dando prioridad a la educación y a la consecución del bienestar social, además de fomentar el desarrollo de una sociedad activa y participativa. Todo ello, con base en la honradez, la justicia, la solidaridad y la búsqueda del bien común, por encima del ánimo de lucro y contra el uso de la política como medio de enriquecimiento personal.

Desde que existe la democracia en este pequeño país báltico, la confianza de sus nacionales en los líderes políticos y en su gobierno es mínima. Son notorios en el país los casos de corrupción política y cómo los gobernantes utilizan el poder, no para servir al pueblo sino para lucrarse y buscar el mayor beneficio en favor de sus negocios personales. Ninguno de estos casos ha llegado a los tribunales, y el cambio continuo de la legislación en el país es también muy significativo.

La mayoría de participantes en la protesta frente al Parlamento vinieron desde otros pueblos y ciudades con pancartas que proclamaban advertencias como “Letonia no solo es Riga”, o “[Ivar] Godmanis [el actual primer ministro], en Letonia también existe el campo”.

Que hubiera gran representación de zonas rurales se debe al bajo nivel de vida y muy pocas posibilidades de desarrollo existente en ellas. De los aproximadamente 2,3 millones de habitantes del país, más de 700.000 viven en Riga, la capital, donde se concentran todos los servicios y el escaso tejido empresarial existente. Las zonas rurales viven de la agricultura y ganadería, cuya rentabilidad está limitada por las severas condiciones climáticas. Esto hace que la tasa de desempleo sea muy alta. A causa de la crisis económica están comenzando a desaparecer pequeñas escuelas rurales, y sus alumnos tendrán que desplazarse a otras localidades.

Los motivos de la reciente protesta masiva están todos relacionados directamente con la mala gestión de los gobiernos letones durante muchos años. Letonia no sólo sufre la crisis económica mundial que afecta en mayor o menor medida a todos los países, sino que está prácticamente en quiebra aunque oficialmente se tienda a acallarlo. Esto ha obligado a medidas como una subida del IVA del 18% al 21%; recortes drásticos de personal y de salarios (un 15%) en el sector público; fusión de ministerios (los 17 actuales quedarían en 11) y organismos oficiales (como la Dirección General de Policía y el KNAB, encargado de la lucha contra la corrupción); desaparición de facultades universitarias (la primera universidad pública del país pasaría de 13 a 4); nacionalización de Parex Banka, segundo banco del país, para evitar su quiebra; vacaciones forzosas sin sueldo para funcionarios públicos porque no se puede pagarles, etc.

Pero por fin el pueblo ha salido de su pasividad y se ha echado a la calle para demostrarlo. Por primera vez desde que en Letonia se proclamó la república independiente de la extinta URSS en 1991, podemos hablar realmente de una participación activa de los ciudadanos en los acontecimientos del país.