El cambio de gobierno en Ucrania sugiere un acercamiento a Rusia

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email
Duración lectura: 2m. 38s.

Tras obtener el respaldo parlamentario, Anatoli Kinakh se ha convertido en el nuevo jefe de gobierno de Ucrania. Kinakh, diputado centrista de 46 años, es presidente de la Unión de Industriales y Empresarios, con intereses ligados a los grupos rusos. Junto con el presidente Leonid Kuchma, Kinakh dará la bienvenida a Juan Pablo II en su inminente viaje (ver servicio 88/01).

La desintegración de la URSS permitió que Ucrania (un país de 604.000 Km2) alcanzara la independencia en 1991. Desde entonces los intentos para restructurar la economía no han tenido éxito y el país ha sufrido diversas fases de inestabilidad política. En 1994 accedió a la presidencia Leonid Kuchma, con un programa de entendimiento con Rusia. Pero en el ejercicio del poder ha buscado un equilibrio entre Occidente, cuyos créditos necesita, y Moscú, de quien depende para su aprovisionamiento energético. Ucrania firmó en 1997 un acuerdo con la OTAN, pero oficialmente no es candidata a la adhesión.

La persistencia de la crisis económica y su secuela demográfica (la población ha bajado de 51 millones en 1989 a 48,9 millones en la actualidad) ha ido debilitando la posición del Kuchma. En 1999 fue reelegido, después de una campaña manchada por fraudes y presiones contra la prensa. En noviembre de 2000, la aparición del cadáver de un periodista de la oposición, Gueorgui Gongadze, hizo que la frágil mayoría parlamentaria de Kuchma saltara por los aires.

La vida política se ha caracterizado por las tensiones entre el Gobierno y el Parlamento, donde los comunistas son el grupo principal. El presidente Kuchma intentó solucionar el problema convocando el año pasado un referéndum para aumentar sus poderes, lo que provocó acusaciones de autoritarismo. Una moción de censura logró que el pasado abril dimitiera el jefe de gobierno, Viktor Iuchtchenko, ex gobernador del Banco Central, un tecnócrata popular que había sido nombrado por el presidente para representar un política pro-occidental y facilitar las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional. Bajo Iuchtchenko, a principios de 2000 se disolvieron los koljoses, poniendo fin a la colectivización forzada de la tierra, y en ese año Ucrania tuvo un crecimiento positivo (6%) por primera vez desde la independencia.

Para sucederle, Kuchma propuso a Anatoli Kinakh, un diputado centrista que además es presidente de la Unión de Industriales y Empresarios de Ucrania, lobby surgido de las viejas estructuras soviéticas. Kinakh fue respaldado en el Parlamento el 29 de mayo por 239 diputados sobre 450, sin que los comunistas participaran en la votación. El nuevo jefe de gobierno está considerado como un representante de los clanes industriales que mantienen lazos estrechos con grupos rusos, especialmente activos en la compra de sociedades privatizadas en Ucrania de modo poco trasparente.

La Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa ha advertido a Ucrania la posibilidad de ser excluida de la organización por no respetar las reglas del juego democrático. El pasado abril, la Asamblea se declaraba “preocupada por las muertes de periodistas, las agresiones repetidas y las maniobras de intimidación contra periodistas, parlamentarios y miembros de la oposición política en Ucrania”.