ETA y las clases de religión

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Sabino Álava fue miembro de ETA durante diez años, hasta su detención en 1986. No había cometido delitos de sangre, pero pasó catorce años en la cárcel, hasta que salió definitivamente en 2001. En julio de 1997 fue uno de los pocos presos de ETA que condenó el asesinato de Miguel Angel Blanco. Hace ya tiempo que rompió sus lazos con la banda terrorista. Hoy, a sus 66 años, vive pacíficamente en Pamplona con su mujer. En una entrevista publicada en la revista Nuestro Tiempo (enero-febrero 2008) habla de los años que pasó en prisión y de cómo le cambió la cárcel.

En una organización como aquella a la que yo pertenecí, uno está orgulloso. Vas a la cárcel y dices: ‘Esto es lo que toca ahora’. Pero luego te das cuenta de que no. Tanto tiempo en soledad te deja pensar. Comienzas a ver las cosas de otro modo y a valorar lo que en realidad tiene importancia. Lo mío fue como coger un calcetín y darle la vuelta. Fui recordando algunas cosas que me habían enseñado de joven, cosas que yo creía olvidadas y que me empezaron a importar, como una semilla que de repente encuentra la tierra apropiada y se pone a crecer. En concreto, yo me acordé de las clases de religión. Y claro, me acordé de Dios”.

Las clases de religión. Esas clases que algunos tildan de “adoctrinamiento” y que desearían erradicar del ámbito escolar. Pero que, según esta y otras experiencias, dejan -¿o dejaban?- más huella de lo que parece. A Sabino Álava, en la soledad de la cárcel, le sirvieron para sacudirse el adoctrinamiento de ETA, y descubrir dónde está lo importante.

Habría sido mejor que esa enseñanza religiosa le hubiera servido para no emprender el camino de la violencia. Pero esos eran los años en que creía olvidadas tales doctrinas. Después, cuando el aislamiento de la cárcel empuja a pensar y a despertar la conciencia enmohecida, es posible recordar de nuevo el imperativo del respeto a la vida y el valor del arrepentimiento.

Y Sabino Álava no se acordó entonces de la Constitución Española, sino de las clases de religión y de Dios. Me temo que tampoco se habría acordado de las clases de Educación para la Ciudadanía, si hubieran existido en su época. El cambio interior recesita revulsivos más fuertes. Pero incluso los reacios a las clases de religión pueden felicitarse del resultado. ETA tiene un activista menos y la sociedad un miembro pacífico más.

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