El providencial fracaso del Che

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Con motivo del estreno de la película de Steven Soderbergh, Che: el Argentino, Lorenzo B. de Quirós hace un desmitificador análisis de este icono de la izquierda del siglo XX en un artículo publicado en “El Economista” (11-09-2008).

Quirós comenta que Guevara no realizó ninguna aportación teórica al marxismo. “Era un hombre de acción, un aventurero fascinado por las armas y por la violencia, como testimonia su primera experiencia guerrera, el bombardeo de la ciudad de Guatemala. La causa revolucionaria era un motivo para justificar su existencia y era un fin en sí misma. Para él, la revolución era un proceso destructivo permanente y justificado por su propia dinámica. Su consolidación y sus consecuencias nunca le importaron. Esa fue una de las causas de su salida de Cuba en busca de nuevos horizontes”.

También destaca que siempre hubo una distancia insalvable entre el Che y los campesinos y trabajadores a los que pretendía liberar. “El individuo concreto, sus necesidades, sus aspiraciones, no le interesaban, como tampoco las célebres condiciones objetivas que, de acuerdo con la doctrina marxista, hacían o no posible la revolución. Amaba tanto a la Humanidad que en su noble pecho no cabían los hombres con minúscula”.

Este desprecio por la realidad le llevó a cometer errores de juicio abrumadores. Quirós recuerda el de “ofrecer tierras a los campesinos congoleses que tenían abundancia de ellas o plantear la colectivización a los bolivianos que habían accedido a la propiedad con las reformas agrarias del MNR. Su incomprensión de la ingratitud de los kulaks bolivianos se refleja amargamente en el Diario de Bolivia y fue una de las razones de su muerte: los campesinos lo denunciaron a las autoridades y contribuyeron de manera decisiva a su captura”.

La filosofía vital guevarista era, según Quirós, “una versión de la vieja doctrina y estética del culto al héroe, al líder carismático”. “Esto se tradujo en un desprecio a la individualidad de los demás y condujo de manera inexorable a la represión. Si el hombre nuevo no surgía por la imitación del ejemplo de los santos guerrilleros había que fabricarlo por la fuerza. Así apareció con rapidez el rostro autoritario del Che. No le tembló la mano para ajusticiar a sus propios allegados y para ordenar miles de ejecuciones de sus adversarios.”

Su incapacidad para aceptar las restricciones de la realidad “tuvo una expresión dramática en su lamentable gestión de la economía desde el Banco Nacional de Cuba primero y desde el Ministerio de Industria después”. Su ignorancia económica, la imposición de la centralización burocrática y la abolición del mercado, acabó en la introducción del racionamiento a finales de 1960. “El bloqueo norteamericano no existía aún; es decir, el enemigo externo no vale como coartada para explicar el desastre. (…) Este fue otro factor determinante de su marcha de Cuba”.

Quirós concluye que “en la Liga de los Hombres Extraordinarios, Guevara no tiene lugar. Su historia es, gracias a los dioses, la de un fracaso”.

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Artículo original en El Economista (11-09-08).

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