Desertores del Estado Islámico: sus razones

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¿Por qué tantos jóvenes musulmanes, también de Occidente, se unen a las filas del Estado Islámico (EI)? Sus motivos y los métodos de captación que el EI emplea con ellos es objeto de cuidadosa investigación, a fin de contrarrestar la propaganda yihadista. Pero no son tan conocidos, y no resultarían menos útiles, los casos de los que luego abandonan decepcionados. El International Centre for the Study of Radicalisation (ICSR), con sede en Londres, ha analizado testimonios de desertores, que podrían servir de advertencia a nuevos candidatos.


Una versión de este artículo se publicó en el servicio impreso 76/15

No hay datos seguros, pero se cree que en los dos últimos años se han unido a la yihad en Oriente Próximo unos 20.000 extranjeros, la mayoría en las filas del EI. En torno a la cuarta parte procedían de Europa, y de ellos han vuelto entre 1.200 y 2.000. De los que salieron de otros países, las estimaciones son aún más inciertas.

En todo caso, muy pocos de los que abandonan se expresan públicamente, por temor a represalias del EI o a ser procesados en el país de origen. Algunos, sin embargo, hablan para difundir su experiencia o precisamente para congraciarse con las autoridades. La objetividad de sus relatos resulta difícil de comprobar. Es probable que rebajen su implicación en las operaciones del EI.

De todas formas, el ICSR ha encontrado 58 testimonios creíbles, por los detalles que contienen y porque concuerdan en lo fundamental.

De esos 58 desertores, la gran mayoría (40) provienen del Oriente Próximo, principalmente de Siria (21). Hay también 9 saudíes, 4 tunecinos y unos pocos de otros países de la región. De Occidente (cinco países europeos y Australia) son 9, y de Asia (India, Indonesia y Tayikistán), siete. Dos no tienen nacionalidad conocida. Siete son mujeres.

La mayor parte de los desertores se sintieron decepcionados al ver que el EI hace la guerra a otros suníes

Por qué desertan

El ICSR descubre cuatro géneros de razones expuestas por los excombatientes para justificar la deserción.

1) La mayor parte se sintieron decepcionados al ver que el EI hace la guerra a otros suníes. En Siria, dicen, acabar con el régimen de Assad no está en primer plano para la organización, que en cambio emplea gran parte de sus esfuerzos en combatir a otros grupos rebeldes y está obsesionada con descubrir espías y traidores infiltrados.

2) El rechazo de otros se debe al salvajismo del EI: asesinatos de rehenes, violencia contra civiles, ejecuciones sumarias de combatientes propios por distintos motivos. Sin embargo, los desertores no se refieren en ningún caso a atrocidades contra cristianos u otras minorías: solo parecen indignarse cuando las víctimas son suníes.

3) Varios alegan corrupción o malos tratos por parte de los mandos. Los desertores sirios se quejan de los privilegios de que gozan los extranjeros en el EI. Otros, como un indio, denuncian racismo.

4) A otros, finalmente, les decepcionó la vida real en las filas del EI, muy distinta de las grandes promesas que les habían atraído. Las expectativas de lujo y riqueza no se cumplieron. Los que esperaban acciones heroicas se encontraron con jornadas rutinarias y aburridas. Algunos se quejan de que los voluntarios extranjeros son usados para carne de cañón.

Facilitar que hablen

Abandonar el EI es difícil y peligroso. “El EI quiere matar a todo el que diga no –dice un desertor sirio, que escapó a Turquía con ayuda de un contrabandista–. Todos tienen que estar con ellos. Yo pensaba continuamente: si me cogen, me decapitarán”. Otro excombatiente, alemán, logró engañar a sus jefes diciéndoles que había convencido a su hermana para unirse al EI. Falsificó charlas por Facebook para hacerles creer que había acordado con ella recogerla en la frontera turca, lo que le permitió ir allá para no volver.

La decepción con el EI no significa necesariamente que los desertores hayan renegado de la ideología islamista. Un australiano, musulmán converso, contó haber presenciado ejecuciones públicas, entre ellas la de una pareja lapidada por adulterio, cosa que él aprueba por considerarla conforma a la sharía. En cambio, rechaza las de periodistas, miembros de equipos humanitarios y otros no combatientes.

Según el ICSR, aunque ese y otros testimonios sigan justificando en cierta medida el extremismo islamista, es útil difundirlos, precisamente porque por otro lado acusan al EI de distintas conductas contrarias al islam. Al sacar a la luz las contradicciones, falsas promesas e hipocresía del EI, pueden alentar a otros a desertar o disuadir de enrolarse a quienes se plantean hacerlo.

Por so el ICSR recomienda facilitar a los desertores que hablen. Esto exige, por un lado, garantizar su seguridad contra posibles represalias del EI y sus agentes. Por otro, hay que hacer concesiones, para que se expresen sin temor a que su testimonio sea usado en su contra. Ciertamente, dice el ICSR, “no todos se han convertido en fervientes partidarios de la democracia”, y “algunos han cometido crímenes”; pero “sus historias pueden ser poderosos medios para luchar contra el EI”.

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