Cumbre de Washington, izquierdas y derechas

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La cumbre de Washington (noviembre 2008) acabó con una proclama a favor de la libertad del mercado, en el rechazo del proteccionismo y con el deseo de una mejor regulación de la economía financiera. El eslogan periodístico era “refundar el capitalismo”, aunque en realidad ha sido, muy en la época posmoderna, una inyección de bótox, un maquillaje, una cosmética. En cualquier caso, lo que ni se pasaba por las cabezas de ninguno de los participantes era refundar el socialismo.

Y, sin embargo, la antigua terminología de izquierdas y derechas no deja de usarse, a pesar de que está completamente vacía de significado (por no hablar del centro). Atendiendo a las calificaciones usuales, en Washington estuvieron, de las izquierdas: Gordon Brown (RU), Lula da Silva (Brasil), Kevin Rudd (Australia), Manmohan Singh (India) y Thabo Mbeki (Sudáfrica). Toda una gama coronada por el chino Hu Jintao, que combina el comunismo posmaoísta con un capitalismo semisalvaje y una dictadura política. Y, como invitado de última hora, Zapatero (España).

Entre los de derechas: Bush (EE.UU.), Sarkozy (Francia), Merkel (Alemania), Berlusconi (Italia), Felipe Calderón (México), Stephen Harper (Canadá) y Tarö Asö (Japón).

Más difícil de colocar son Medvédev, ruso, sombra de Putin, sombra a su vez de lo que queda de lo anterior, el poder de la URSS; la Kichner argentina; Erdogan, turco; Susilo, de Indonesia; Koo Moo-Hyun, de Corea del Sur; por no hablar de Abdullah Bib Abdulaziz, rey autoritario de Arabia Saudita.

Es decir, en la gran cumbre había al menos dos países (China y Arabia Saudita) donde el respeto de los derechos humanos brilla por su ausencia, pero eso no parecía inquietar a los gobernantes de izquierdas ni a los de derechas, porque está en juego el dinero y con el dinero no se juega. Al lado de esta Realpolitik, la terminología de izquierdas y derechas sirve solo para el marketing electoral, para el cansino arrastrarse de los parlamentos semivacíos y para que alguien como Carrillo siga levantando el puño mientras balbucea La Internacional.

Libertades fáciles, igualdad difícil

Históricamente, las derechas han insistido más en la libertad individual; las izquierdas, en la igualdad. Pero en los países más desarrollados y con régimen democrático, están más o menos aseguradas tanto una relativa libertad como una relativa igualdad; por eso las políticas económicas y sociales son, en todas partes, equivalentes.

Parecería entonces que había que buscar otros criterios de diferenciación. Las izquierdas lo han encontrado, paradójicamente, en conceder libertades en el terreno que tiene que ver con la corporalidad; de ahí, la apología del aborto y de la utilización de embriones, de la permisividad sexual (todo está bien entre adultos que consienten), de la eutanasia. Esa izquierda parece así, más que una izquierda revolucionaria, una derecha que se ha vuelto loca, cosa que se confirma porque también algunos partidos de derecha se han mostrado partidarios de las mismas “conquistas”, que, más que en la línea de la igualdad, están en la de una libertad a la que el vicio se le ha subido a la cabeza.

Faltan nuevas ideas

¿Dónde están las ideas? ¿Dónde están cuando, ante las consecuencias de la irresponsabilidad financiera, la medida más urgente es recapitalizar los bancos? Las ideas antiguas, las del capitalismo y la del socialismo, visto que, en cuando a medidas prácticas, todos coinciden, deberían ser sustituidas por otras. Estas deberían nacer de un esfuerzo de pensamiento para radicarlas en la profundidad ética y, más en concreto, en la justicia. Porque es la justicia la gran defraudada en las desnutridas, cínicas, actuales ideologías políticas.

Estas ideologías, mientras cantan la música de los derechos humanos, escriben la letra del apego al poder por el poder, olvidando a los pobres de la tierra y multiplicando los casos en los que no pocos, sirviéndose del poder, se enriquecen con el dinero ajeno. Son ideologías que prefieren servir los vicios de los ciudadanos más que sus virtudes. Son ideologías que desconocen el sentido del misterio y por eso adoptan una actitud displicente, cuando no persecutoria, hacia la religión. Son ideologías que han perdido el sentido del riesgo, la pasión de las ideas, el coraje de la lucha y se acogen al cobijo del dinero. Son ideologías que aceptan que, por ejemplo, una mujer de profesión política no repita nunca vestido, en un mundo donde hay aún millones que no tienen para comer. O que un político piense que necesita un coche blindado por valor de medio millón de euros.

La inercia del lenguaje

Seguir hablando, en ese panorama, de izquierdas y de derechas solo se explica por la pereza mental, la inercia del lenguaje y la lógica de esa vida paralela a la vida real que es la vida de la política, una vez que ya no es res publica, es decir, cosa común, cosa de todos.

Estamos en una época en la que más que el fondo interesa la forma; más que la realidad, la apariencia; más que la verdad, la opinión; más que la belleza, el embellecedor. De ahí el auge del diseño y de la cirugía estética.

Pensar a estas alturas que ser de izquierdas o de derechas es una especie de cosmovisión, un pensamiento sobre la vida social, un armazón de ideas que llevan a la acción es haberse quedado muy atrás en la historia. Todo eso fue así alguna vez, hace mucho tiempo.

Ahora la política es maquiavélicamente la conquista del poder. Los partidos, de izquierdas o de derechas, no son más que los trampolines. Es el poder el que ha impuesto su lógica: cambiante, relativa y cínica. Por eso puede desconocer la realidad del país, por eso puede impunemente excederse en sus funciones. Ya no hay un pensamiento previo con el que comparar, juzgar y, en su caso, modificar las actuaciones. No hay ya teoría para valorar la práctica. Quien está en el poder -de izquierda o de derecha- disfruta en él mientras le dure, lo personaliza todo, se convierte en un líder populista y las ideas… Las ideas son cosas para la publicidad.

Si se quiere una comprobación de todo esto, como las grandes ideas producen grandes personas, miremos de nuevo la llamada foto de familia de la cumbre de Washington, a ver quién había allí. ¿Había algún político de importancia mundial, de un poderoso diseño de ideas, de una vida al servicio real de su gente, sin afanes de protagonismo? Lo pueden buscar en la foto, pero, a diferencia del juego de Wally, es difícil que lo encuentren.

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