Canadá: el candidato que derrotó a los medios progres

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Duración lectura: 2m. 7s.

En un artículo publicado en MercatorNet, Michael Coren explica las razones por las que el candidato conservador Rob Ford -descalificado durante las últimas semanas por los medios progresistas- ha llegado a convertirse en el nuevo alcalde de Toronto.

Rob Ford no lo tenía nada fácil. Toronto es una de las ciudades más libertarias de Norteamérica. La cosa no tendría más trascendencia si no fuera por el retrato que habían hecho de Ford los medios progresistas: un tipo gris y gordo; defensor del conservadurismo fiscal; entrenador de un equipo de fútbol americano; y enemigo de las mujeres, las minorías étnicas y los homosexuales.

Al otro lado del ring se postulaba como favorito el flamante candidato George Smithermann. Convertido en una celebridad por los medios progresistas, Smithermann es gay y suele posar ante las cámaras con su “marido” y su hijo adoptado. Además, conoce bien los tejemanejes de la política y tiene amigos influyentes.

El resultado de las elecciones estaba cantado. O, al menos, esa es la impresión que uno podía sacar de los medios. Pero, al final, los votantes se han inclinado ampliamente por Ford (obtuvo el 47% de los votos frente al 36% de los que consiguió Smithermann y el 12% del tercer candidato).

¿Qué es lo que ha ocurrido, se pregunta Coren, para que un conservador haya acabado ganando las elecciones? ¿No era previsible que, al menos, los diversos grupos étnicos y minorías -por los que tanto ha hecho la izquierda en Toronto durante los últimos 40 años- apoyasen a su candidato?

Para Coren, aquí han influido sobre todo dos factores. El primero es que todos esos grupos (tamiles, musulmanes, hindúes…) sencillamente “se han negado a hacer lo que los blancos progresistas les decían que tenían que hacer. Ellos ya habían dicho alto y claro que no eran partidarios del matrimonio homosexual”.

Y el segundo factor es que el ciudadano medio no está dispuesto a dejarse manipular con estereotipos. Y, en esta ocasión, los medios de izquierda se habían ensañado presentando a Ford como un payaso, un homófobo, un racista, un reaccionario…

“En Canadá, no hay nada parecido a un Tea Party. Y los canadienses no están tan polarizados ni son tan anti-intervencionistas como sus vecinos del sur. Pero sí que son gente honrada, buena, intuitiva y están hartos de que se les manipule. Son este tipo de rasgos los que pueden dar origen a un nuevo movimiento social”, concluye Coren.