Cuba: los rebeldes del “pen drive”

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En Cuba, el servicio de acceso a Internet es un monopolio del Estado, que lo sirve con cuentagotas. Los cibercafés públicos se han reducido al mínimo y cobran el equivalente de unos 5 dólares por hora, que es un tercio del salario mensual medio en la isla. En el centro de La Habana ya no queda más que uno; los otros dos que había se han transformado en “oficinas postales” donde solo se puede enviar y recibir correo electrónico, pero no salir a Internet. La policía vigila para que nadie tenga conexiones clandestinas, y destruye las antenas parabólicas no autorizadas que encuentra.

Sin embargo -explica James C. McKinley Jr. en el New York Times-, textos y vídeos sin permiso oficial entran y salen del país, y circulan por el interior, con el concurso del creciente número de cubanos, en su mayoría jóvenes, que poseen o saben manejar aparatos como computadoras, teléfonos móviles o cámaras digitales. Buena parte de ese material son películas o canciones descargadas de Internet por vía ilegal, que copiadas en discos se venden en el mercado negro. Pero también se difunden informaciones que no pasarían la censura. Para sortear los controles sobre el correo electrónico y el acceso a los sitios web, a menudo el medio de transmisión es el pen drive.

Así ocurrió con dos vídeos recientes que se han propagado rápidamente dentro y fuera de Cuba. Uno muestra la acalorada discusión de Ricardo Alarcón, presidente del parlamento nominal, con un grupo de estudiantes de informática que se quejaron, entre otras cosas, de las restricciones a las salidas al extranjero y al uso de Internet. El otro recoge una asamblea convocada por un sindicato oficial: cuando los jefes sindicales anuncian que se va a implantar un nuevo impuesto sobre las propinas que reciben los empleados de establecimientos extranjeros, los trabajadores estallan en sonoras y agrias propuestas. En ambos casos, las imágenes fueron tomadas por alguien que estaba presente (en el segundo, con la cámara de un teléfono móvil), y empezaron a pasar de mano en mano grabadas en memorias USB y acabaron llegando al extranjero. Las de Alarcón se han podido ver en todo el mundo a través de la BBC y la CNN.

La red clandestina de pen drives se alimenta también de material obtenido en el mercado negro de acceso a Internet. El proveedor puede ser alguien que tiene una antena parabólica ilegal; o un empleado de una empresa pública o extranjera, con conexión por razón de trabajo, que vende su nombre de usuario y contraseña; o alguien que trabaja en un hotel y facilita a un cubano el acceso reservado a los turistas. Estos procedimientos y otros semejantes hacen posible también que algunos jóvenes periodistas mantengan, en servidores del extranjero, blogs y sitios web en los que publican comentarios y noticias sobre Cuba.

Ver artículo original: Cyber-Rebels in Cuba Defy State’s Limits.

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