España lleva dos días en shock por un accidente ferroviario que ha terminado con la vida de, al menos –porque todavía hay víctimas sin identificar– cuarenta y tres personas. Personas con nombres y apellidos. Con historias. Las de las víctimas y los supervivientes. Y de los familiares, de los vecinos y las madres.
Reconozco que llevo dos días enganchada a las historias de Nati y Elisabeth. Dos madres afectadas por la tragedia. Una pidió que su hijo se quedara y otra le dejó irse.
Nati es la madre de Fidel. Ese onubense huérfano que cuenta a quien se le pone por delante que su madre iba rezando el rosario cuando el tren se estrelló y que, seguramente, le pidió a Dios que se la llevara a ella y que dejara a su hijo y a sus nietos. Nati murió. Su hijo y sus nietos se salvaron. Fidel estos días recorre platós como homenaje a su madre. Se lo ha pedido su hermano Luis Carlos, que sigue en el hospital. Le ha dicho que vaya a los medios para contar que su madre fue una mujer que “vivió por y para los demás”; para agradecerle los valores que les ha inculcado y para recordar lo importante que es abrazar, querer y perdonar, que la vida puede cambiar en un segundo y la muerte nos puede sorprender enemistados, rabiosos y divididos.
Elisabeth es la madre de Julio, el adolescente –16 años recién cumplidos– que rescató de entre las vías a más de una decena de heridos. Julio volvía de un día de pesca con su madre y un amigo cuando vieron los vagones destrozados. Donde no llegaban ni las ambulancias ni las grúas podían llegar Julio y su amigo. Y Elisabeth dejó que su hijo se fuera, mientras ella se quedaba auxiliando a otros heridos. En medio de una generación de padres y madres sobreprotectores que llevan la mochila de sus niños para que ellos no cojan peso, Elisabeth deja que su hijo se adentre en el infierno. Y cuenta Julio que lo hizo sin pensar, que le salió de dentro. Pero, lo que quizás no sepa Julio porque tiene 16, pero que sí sabemos el resto, es que alguien ha tenido que reforzar “lo que sale de dentro” para que salga por fuera. Y ese alguien será probablemente la misma persona que, el día después de la tragedia, el día después del viaje al infierno, fue a despertar a su hijo a las siete de la mañana para ir al colegio. Porque los héroes, por muy heroicos que sean, también tienen que aprobar cuarto de la ESO.
Pensando en Nati, en Elisabeth, en Fidel, en Julio o en Pablo, el maquinista del Alvia que murió sabiendo que se moría y al que también le salió de dentro quedarse en la cabina para salvar a los que pudiera, uno se da cuenta de la distancia infinita entre la política y la sociedad española. Entre la ideología descarnada y el discurso sectario de muchos medios y la vecina de Adamuz que llevó café a los periodistas sin preguntarles si eran de una tele facha o progre. O, en el colmo del paroxismo, entre el ministro mamporrero que se dedica a injuriar y bloquear a media España desde su cuenta de X y el que, desde esa misma cuenta, se arremanga para dar información de la catástrofe. Curioso el síndrome de Jekyll y Mr Hyde del ministro. Curioso y enfermizo y peligroso para la convivencia.
Pensando en Julio, en Pablo, en Elisabeth o en la vecina de los cafés, qué falso y absurdo resulta el muro que algunos políticos se empeñan en levantar. Qué ridículos e inanes parecen todos ellos y sus voceros mediáticos comparados con la entereza de Fidel o la valentía de Gonzalo, otro vecino que sacó su quad para rescatar a los heridos atrapados entre los vagones.
Pensando en todos ellos, y en lo que vimos en Valencia o Galicia, ojalá caigamos en la cuenta de que, como dice Julio, lo importante es hacer caso a lo de dentro o, en palabras de Fidel, al corazón, que la vida es corta y la muerte, imprevisible. Y no es elegante que te pille insultando y repartiendo zascas en las redes.
Puestos a ser elegantes, mejor que, como a Nati, la muerte te pille rezando el rosario. O, como a María Luisa, cruzando media España para consolar a tu hermana de otra muerte.
Y, luego, que te organicen un funeral. Pero no uno laico. De los de siempre. De los de verdad.

6 Comentarios
Felicidades por el articulo
Gracias!
Incontestable artículo. Ana enhorabuena y gracias.
Gracias por leer y comentar
Sí cuando hay que arrimar el hombro para salvar a los que se le cae un tren o una DANA encima, sale siempre lo mejor de uno mismo. También sale el “Sálvese quien pueda” como también hemos visto, pero en muchísimo menos proporción, Nada que ver con Fidel, Julio, Gonzalo y las madres coraje de cada uno.
Efectivamente… gracias por comentar