Interesante crónica, entre la ciencia, la historia y la filosofía, de las dos grandes figuras de la física del siglo XX, y de sus colaboraciones y desencuentros.
Esta minuciosa investigación demuestra que en esta época se dio un gran avance en la ciencia, en buena medida por el impulso racionalizador del cristianismo.
Una amena introducción a cómo el desarrollo de la informática ha mejorado nuestro conocimiento del cosmos, gracias a la capacidad de crear simulaciones complejas.