Una conferencia internacional defiende el matrimonio

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Duración lectura: 2m. 25s.

La Conferencia Internacional sobre la Familia, celebrada en Doha (Qatar) el 29 y el 30 de noviembre pasado, terminó con una declaración que subraya la necesidad de proteger y fomentar el matrimonio y la institución familiar. El evento, organizado el gobierno de Qatar para conmemorar el décimo aniversario del Año Internacional de la Familia (1994), reunió a cientos de participantes de muy diferentes países y culturas: delegados gubernamentales, parlamentarios, líderes religiosos y especialistas de diversos ámbitos.

Entre los asistentes más conocidos figuraban el premio Nobel de Economía Gary Becker; el Card. Alfonso López Trujillo, presidente del Consejo Pontificio para la Familia; Mahatir Mohamad, ex primer ministro de Malasia, y el rabino norteamericano Daniel Lapin.

En el preámbulo de la Declaración, los asistentes se han comprometido a crear un Instituto Internacional de Estudios sobre la Familia. El texto, por lo demás, insiste en “la obligación que recae sobre los gobiernos, las organizaciones internacionales y los miembros de cualquier nivel de la sociedad para proteger de forma efectiva la familia”.

Así, la Declaración de Doha afirma los siguientes principios:

— “La familia es el natural y fundamental núcleo de la sociedad y goza de toda la amplísima posibilidad de protección y asistencia por parte de la sociedad y el estado”.

— La sociedad y el estado deben “favorecer, preservar y defender la institución del matrimonio”, adoptando “medidas eficaces para reforzar la estabilidad del matrimonio, alentado, entre otras acciones, la plena e igual comunidad de marido y mujer dentro de una relación conyugal comprometida y duradera”.

— “Reafirmamos que el matrimonio debe producirse sólo con el consentimiento libre y pleno de los futuros esposos, que ha de reconocerse el derecho a casarse y a formar una familia al hombre y la mujer, y que el marido y la mujer son por igual esposos”.

— “La familia tiene la responsabilidad primaria en la educación y protección de los niños en su paso de la infancia a la adolescencia. Los padres tienen el derecho fundamental de elegir el tipo de educación que sus hijos deben recibir y la libertad de garantizar la educación religiosa y moral de sus hijos en conformidad con sus propias convicciones”.

La Declaración también “reafirma la importancia de la fe y la religión y las creencias éticas en el mantenimiento, estabilidad y progreso de la familia”.

En su llamada a la acción, el documento subraya en primer lugar la necesidad de establecer “indicadores para evaluar el impacto de todos los programas sobre la estabilidad de la familia”. Luego, propone “evaluar y examinar las políticas demográficas de los gobiernos, en concreto en países con índices de natalidad por debajo del reemplazo”. Otra medida es “animar y sostener a la familia para proveer al cuidado de las personas mayores y los discapacitados”.