Recurso para conciliar trabajo y familia

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Duración lectura: 3m. 15s.

En el informe “Las abuelas como recurso de conciliación entre la vida familiar y laboral. Presente y futuro”, dirigido por Lourdes Pérez Ortiz, se incluye una encuesta realizada sobre una muestra de 600 abuelas que cuidan cotidianamente a niños y niñas menores de 12 años y que residen en hábitat urbanos, es decir, grandes ciudades y coronas metropolitanas de seis provincias españolas (Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Valladolid y Vizcaya).

Según se desprende de los datos, el perfil medio es el de una mujer casada, con una edad media cercana a los 61 años, que ha completado al menos la primera etapa de los estudios secundarios, que no trabaja en la actualidad pero ha trabajado alguna vez, con un estado de salud más que aceptable en su propia percepción y con un elevado grado de satisfacción ante la vida.

Cuando se realizó la encuesta, uno de cada cinco mayores empleaba parte de su tiempo cotidiano en el cuidado de menores. Excluyendo a las personas que no tienen nietos, el resultado es que tres de cada cuatro abuelos se ha ocupado de alguno de sus nietos de forma cotidiana, para echar una mano a sus hijos.

El lugar privilegiado para las actividades de cuidado es la vivienda de la abuela, lo que puede facilitar la tarea y al mismo tiempo reforzar el simbolismo de ese hogar como lugar de la memoria y de la reunión de las generaciones.

La actividad de cuidado es muy intensiva, dado que la mitad de las entrevistadas dice que dedica más de cuatro horas diarias. Más de la mitad de las abuelas suele acompañar a los niños y niñas al colegio o a la guardería, a pesar de que una parte de los niños, por edad, no pueden ir al colegio y que la actividad de las abuelas es en buena medida sustitutiva de las guarderías infantiles.

Mucho más central en el rol de las abuelas cuidadoras es la preparación de la comida para los nietos y nietas: el 93% de todas las abuelas proporciona alguna comida a los nietos. La más frecuente es una comida secundaria (la merienda), pero más de la mitad de las abuelas también dan a sus nietos la comida del mediodía. La situación más común es el cuidado de tarde y/o noche, probablemente después del colegio y en espera de que los padres terminen sus jornadas laborales.

Acerca del motivo por el que las abuelas asumen el cuidado de los niños y niñas, en el 84,2% de los casos la actividad responde a las restricciones que imponen los horarios de trabajo de los progenitores.

La quinta parte de las abuelas acusa el cansancio que implica la actividad, aunque, al mismo tiempo destacan las consecuencias positivas. La combinación de estos factores arroja una proporción por encima de la mitad de abuelas entusiastas que manifiestan que les gusta cuidar a los niños y que no les cansa en absoluto; el 41,5% son abuelas más realistas que valoran las consecuencias más positivas, pero que reconocen y acusan la sobrecarga.

Con la edad aumenta la probabilidad de ser cuidadora de más de un niño o niña menor de doce años. La razón de esta pauta es, seguramente, que las mujeres más jóvenes tienen menos nietos. Las consecuencias también son claras, y es que la edad no reduce la complejidad de la actividad de cuidados, sino a la inversa. La situación de las mujeres mayores de 75 años parece especialmente delicada: son las de mayor edad y las que más probabilidades tienen de tener a su cargo a más de un niño o niña, e incluso a más de dos.

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