La obsesión por el éxito empobrece la formación de los hijos

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Duración lectura: 3m. 11s.

Preparar para la vida es una de las principales finalidades de la educación. A ello se refería Séneca cuando hablaba de “enseñar a vivir” y cuando sostenía que “aprendemos para la vida y no para la escuela”. Los hijos deben “aprender a vivir” en la familia y en el mundo educativo. Éste es el aprendizaje esencial. Acerca de este tema el profesor Gerardo Castillo, subdirector del ICE de la Universidad de Navarra, acaba de publicar un libro titulado Preparar a los hijos para la vida.

– ¿Por qué propone a los padres que preparen a sus hijos para una vida completa?

– Lo hago para prevenirles de un error bastante frecuente hoy: reducir la preparación para la vida a la preparación para el éxito profesional; y reducir, a su vez, el éxito profesional a ganar mucho dinero. Este planteamiento denota una visión utilitarista de la vida por parte de los padres. Suelen ser padres que valoran solamente las calificaciones escolares y que pretenden que todos sus hijos sean siempre los primeros de la clase, sin tener en cuenta la capacidad intelectual de cada uno.

– ¿Es malo desear que los hijos tengan éxito académico?

– En absoluto. El éxito académico es algo deseable siempre, por muchas razones: porque denota que se ha aprendido; porque favorece la confianza del estudiante en sí mismo; porque predispone para posteriores aprendizajes; porque cuenta mucho para la futura carrera y trabajo profesional. Lo malo es enfocar toda la educación de los hijos solamente en función del éxito académico.

– ¿Qué ocurre cuando los padres incurren en este reduccionismo educativo?

– Cuando se reduce la persona a estudiante y el estudiante a “máquina” de obtener calificaciones brillantes, quedan sin desarrollar algunos aspectos esenciales de la mejora personal: aprender a querer; aprender a servir y a hacer el bien a los demás; aprender a convivir; aprender a aceptar responsabilidades en la vida familiar y social, etc. Actualmente la obsesión por el éxito, por el triunfo como sea, está empobreciendo la formación de los hijos. Muchos jóvenes de hoy tienen una mentalidad excesivamente calculadora o interesada, incluso en las relaciones de amistad. De este modo se oscurecen tres ideales nobles que dan sentido a la vida humana: la verdad, la bondad y la belleza.

– ¿Hay que preparar a los hijos para la vida de hoy o para la vida adulta?

– Para ambas. Los padres suelen preocuparse demasiado de la vida futura de sus hijos, olvidando así la preparación para la vida presente. No es posible preparar bien para la vida adulta (que sean buenos profesionales, buenos ciudadanos, etc.) sin prepararles para los “papeles” de la vida preadulta (que sean buenos hijos, buenos hermanos, buenos estudiantes, buenos amigos). No sería posible preparar a los hijos como futuros buenos profesionales sin enseñarles a hacer del estudio un trabajo bien hecho y con actitud de servicio. Como también sería difícil preparar a los hijos como futuros padres sin enseñarles a ser hoy buenos hijos.

– Y por último, ¿es posible preparar a los niños para la vida feliz?

– Los padres deben preparar a sus hijos no para cualquier tipo de vida, sino para la vida feliz. No me refiero a la “felicidad” que se basa simplemente en tener muchas cosas o en disfrutar de placeres sensibles. La felicidad es el gozo de la verdad, del bien y de la belleza. En la familia es donde existen más oportunidades para aprender a ser feliz, porque es el ámbito en el que la persona puede ser más plenamente ella misma. Para conseguir este objetivo lo más necesario es el ejemplo diario de unos padres que han aprendido a ser felices.

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