La familia en México y el Encuentro Mundial de las Familias

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Guadalajara. Cuando John Allen llama “affirmative orthodoxy” al estilo pastoral de Benedicto XVI, quiere significar a su “tenaz defensa de los elementos centrales de la doctrina católica clásica, pero presentada en clave implacablemente positiva”. El VI Encuentro Mundial de las Familias (México, 14-18 de enero), aunque no contará con la presencia física del Papa, mantiene el tono sobre el mensaje católico.

Por ejemplo en su mensaje, Federico Lombardi, director de la Oficina de Información de la Santa Sede, prepara el terreno mediático para los días que vendrán: “Quizá no todos han comprendido que con este compromiso la Iglesia no impulsa una batalla de retaguardia, ni persigue intereses para sí misma. Lo que sencillamente busca es el bien de los hombres y de las mujeres de hoy y de mañana”.

El mensaje cristiano no sólo son prohibiciones, ni ellas son las más importantes. La Iglesia “quiere salvar para ellos -continúa Lombardi- el lugar fundamental del amor y de la alegría de vivir. […] Mientras que una familia unida por el amor no sólo es un lugar de alegría para sus miembros, sino que también es capaz de acogida”. Las familias se encontrarán en México para ofrecer un testimonio de que “es bello quererse mucho en familia. Y es posible”, terminó.

Una alianza en el amor

Como en todos lados, el testimonio de la familia cristiana se enfrenta a dos tipos de dificultades: las tensiones naturales de la vida familiar y el recelo que produce a la cultura secular contemporánea un mensaje que sólo es visto como una serie de controles y prohibiciones. Sólo por ejemplificar, varias ONG criticaron el Encuentro pues consideran “que la insistencia en mantener una idea única de familia así como modelos estereotipados en las identidades de hombre-mujer resulta discriminatoria de la diversidad social”.

Pero el Encuentro no quiere imponer un “modelo” de familia; sino más bien, anunciar con el testimonio de tantas vidas, que el matrimonio entre hombre y mujer “abre a los esposos a una perenne comunión de amor y de vida, y se complementa plenamente y de manera específica al engendrar los hijos”; de tal manera que “el matrimonio […] es una alianza de personas en el amor. Y el amor puede ser profundizado y custodiado solamente por el amor”. Así, la familia, “también aquí, salvando la absoluta trascendencia del Creador respecto de la criatura, emerge [como] referencia ejemplar al ‘Nosotros’ divino” (Juan Pablo II, Carta a las familias, 7).

Esa es la gran noticia que el Encuentro quiere transmitir: la persona es algo más que un objeto de administración pública, un consumidor en la lógica de la oferta y la demanda, un productor de satisfacciones sexuales y afectivas. La migración, la miseria, la explotación laboral de niños, el abandono que sufren muchas mujeres en una sociedad machista, como a veces es la latinoamericana, la soledad de los ancianos, no tienen la última palabra. Y eso ha de notarse en la vida familiar, a pesar de los retos y las crisis que toda familia enfrenta todos los días.

México ofrece al mundo una prueba cultural del valor de la familia. El Consejo Pontificio para la Familia reconoce que la familia en México conserva “todavía muchos valores: la unidad familiar sigue experimentándose y valorándose intensamente. Las familias, por ejemplo, se reúnen frecuentemente para celebrar los principales acontecimientos civiles, religiosos y sus tradiciones, para discutir y para buscar juntos soluciones a sus problemas. La familia es la principal institución de ayuda y de solidaridad”.

Por citar un ejemplo, la encuesta “Lo que dicen los pobres” realizada por el Gobierno Mexicano en 2003, muestra que para los pobres la familia es la institución social por excelencia: El 70% acude en primer lugar a su familia -que suele estar en la misma situación- cuando le hace falta dinero; el 58%, cuando hay que mejorar el lugar donde vive; el 43%, cuando necesita conseguir empleo; dos terceras partes lo hace cuando no tiene para comer. El 48% acude primero a su familia cuando padece de violencia intrafamiliar.

La familia mexicana y la norteamericana

Esto no quiere decir que la familia mexicana sea el único modelo válido para todo el mundo, ni tampoco que sea exclusivo de este país. Simplemente el modo de vivirlo es diferente y de esa diferencia todas las culturas pueden aprender algo.

Molly Leonard presenta una comparación entre el modelo estadounidense y el mexicano de entender la familia. En su análisis, Leonard considera que para la cultura occidental sajona, la familia hace referencia principalmente a aquellas personas que se “eligen”: esposos e hijos. En cambio, las familias hispanas se define principalmente por las personas con las que se “comparte” relaciones de sangre.

Así por ejemplo, considérese lo diferente que es la celebración que marca el paso a una nueva etapa en la vida de una adolescente en ambas culturas. Las “quinceañeras” mexicanas y las “graduadas” de Estados Unidos. Para estas últimas, el evento lo marca la graduación del high school, pues esa fecha determina el inicio de las decisiones sobre lo que la mujer “hará” con su vida: los americanos celebran un logro. Las “quinceañeras” celebran -con una fiesta donde se suele invertir el sueldo anual de una familia- el abandono de la infancia a la llegada de una “mujer”.

La diferencia entre ambas fiestas es el acento de la celebración: los estadounidenses celebran el valor de la persona en función de lo conseguido; para los mexicanos, la existencia es suficiente para celebrar.

Puede pensarse también, y sigo exponiendo las ideas de Leonard, la dinámica de las citas entre novios, el famoso dating. Los estadounidenses tienden a pasar mucho tiempo juntos antes de considerarse “oficialmente” novios: ¿cómo puedes entrar en una relación con alguien sin conocerlo?

Los latinos, por el contrario, suelen preguntarse “¿cómo puedes conocer a alguien sin conocer antes cómo vive su compromiso con los demás?”. Los novios de Estados Unidos parecen más inclinados a conocer del otro cómo actúa, qué hace, y qué podrá conseguir; mientras que los latinos se interesan más en conocer las relaciones de la persona, pues ahí es donde en verdad se puede saber “quién eres tu”.

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