La discutida ampliación de la ley del divorcio en España

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Análisis

Transcurridos veinte años desde la aprobación de la ley del divorcio en España, ha habido varios intentos fallidos de facilitar más los requisitos legales para obtenerlo. Ya con la ley actual, las rupturas matrimoniales han ido en aumento año tras año. Según datos facilitados por el Consejo General del Poder Judicial, en 2000 se produjeron 63.430 separaciones (el 61% de mutuo acuerdo) y 38.973 divorcios (el 52% de mutuo acuerdo). Por lo que es claro que la mayor parte de las separaciones y de los divorcios se han llevado por el procedimiento del mutuo acuerdo.

Los intentos de reforma de la ley plantean que sea posible ir directamente al divorcio sin necesidad de tener que pasar por una previa separación matrimonial porque, dicen “es requisito actual una separación previa para presentar una demanda de divorcio”.

Sin embargo, las cinco causas de divorcio, que están recogidas en el artículo 86 del Código Civil, precisan los siguientes requisitos: que haya transcurrido el plazo de un año viviendo cada uno por su lado desde que se presentó la demanda de separación si el divorcio lo piden ambos de común acuerdo, o de dos años si los que se quieren divorciar estuvieron de acuerdo en romper su convivencia y ahora lo están en pedir su divorcio, sin necesidad de más requisitos; o el cese efectivo de la convivencia conyugal durante cinco años, sin necesidad de nada más e incluso aunque uno hubiese abandonado al otro, dejándole sin ningún tipo de protección.

El mutuo acuerdo en la separación o en el divorcio supone que ambos lo piden o -lo que tiene el mismo efecto- que uno lo pide y el otro lo consiente. Así que no siempre es necesario pasar previamente por un procedimiento de separación matrimonial antes de acudir al divorcio como, por el contrario, se nos está diciendo.

Pero todavía es más importante aclarar que en un matrimonio canónico el divorcio no tiene sentido. Si, como sucede en España, el Estado lo único que ha hecho es reconocer efectos civiles al matrimonio canónico, con lógica jurídica el Estado lo único para lo que podría tener competencia es para decir que deja de reconocerle efectos civiles, pero para nada más.

Cabría preguntarse: ¿el que fracasa en su matrimonio suele tener mucha prisa por divorciarse y casarse civilmente? o, por el contrario, ¿le basta con conseguir una situación de acuerdo con la ley y que le otorgue protección?

Lo que yo me suelo encontrar es que cuando alguno/a fracasa en su matrimonio normalmente no suele tener mucha prisa por ir corriendo a otro matrimonio, sino lo contrario. Acabo de verlo recientemente en un par de ocasiones con un chico y con una chica a los que acompañé a la notaría, y cuando oí que le decían “tú eres joven, verás cómo te vuelves a enamorar, y te podrás casar…”, la reacción inmediata fue: “deja, deja, una vez, y no más”. Y aunque es verdad que no siempre se sigue manteniendo esta afirmación, dada la trascendencia de esta materia y su repercusión en la vida privada de esas dos personas, en sus hijos y en la sociedad, ser prudentes, en todos los asuntos matrimoniales, es algo muy necesario.

Si cuando uno vende una casa y luego se arrepiente, para anular esa venta es necesario el consentimiento del que la compró y además que no se causen perjuicios a terceros, ¿no es lógico pedir, por lo menos, lo mismo cuando uno/a se echa para atrás en su matrimonio? Si no, volvemos al antiguo repudio, y más que un avance sería retroceder a una situación primitiva.

Rosa Corazón. Abogada matrimonialista.

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares