Familia: ¿cambio o deterioro?

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Duración lectura: 2m. 9s.

En diversos documentos de la ONU, como el plan de acción de la Conferencia de El Cairo, se sostiene que la familia no responde a un único modelo, sino que adopta formas distintas en los diversos tiempos y lugares. En un artículo publicado en The Family in America (Rockford [Illinois], agosto de 1994), Allan Carlson critica esa idea.

Cambio, cambio, cambio. Inevitable y necesario. ¿De verdad es esta la situación actual? No. En realidad, pensar así es sucumbir a lo que yo llamo “la falacia del marciano”.

Pensemos en el consabido marciano que llega a la Tierra, por encargo de sus superiores, para elaborar un informe sobre los terrícolas. Toma como objeto de estudio un ser humano escogido al azar. Pero resulta que ese individuo tiene cáncer. Así pues, a medida que pasan los meses, el marciano ve cambios. El hombre bajo observación pierde peso. Se altera el color de su tez. Va bajando el nivel de actividad diaria. Finalmente, deja de comer y yace inmóvil. En el informe remitido a Marte, todos esos fenómenos figuran como cambios, sin más.

Naturalmente, el error del marciano se debe a que carece de una noción de salud con la que confrontar el comportamiento, el funcionamiento biológico y el aspecto de un hombre. Como no tiene el necesario criterio, es incapaz de identificar la enfermedad. Lo que es “deterioro” o “decadencia” se convierte en “cambio”: mutación semántica que distorsiona peligrosamente la realidad e impide tomar medidas que podrían alterar el curso de la enfermedad y salvar al paciente.

Tal es, a mi juicio, el defecto básico de que adolecen esos documentos de la ONU en cuanto al modo de considerar la familia. Es sencillamente erróneo sostener que no existe definición relativamente fija de “familia”. La historia humana, si se la examina sin prejuicios, muestra que la familia es una comunidad natural, universal e insustituible, enraizada en la naturaleza humana. En todas las épocas y en todos los rincones del planeta, se puede definir la familia como la unión de un hombre y una mujer por medio de un contrato reconocido por la sociedad, con los fines de regular el uso de la sexualidad; engendrar, criar y proteger a la prole; constituir una pequeña economía doméstica, y mantener la continuidad entre las generaciones, precedentes y por venir. En virtud de las relaciones familiares, que son recíprocas y se perpetúan de modo natural, se forman las comunidades superiores, como tribus, pueblos y naciones.

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