En Francia se extienden los servicios a la persona

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Duración lectura: 2m. 21s.

Con el impulso de una ley aprobada hace tres años, en Francia los llamados servicios a la persona se han convertido en uno de los sectores que generan más empleo. Ahora toca hacer balance para revisar la ley, y resulta que en esta expansión las empresas han participado muy poco, contra lo que se pretendía.

Los servicios a la persona comprenden la asistencia doméstica tradicional (atención a niños o personas mayores, limpieza, lavar y planchar la ropa…) y otros como clases particulares, cuidado de animales de compañía, asesoramiento informático o administrativo a domicilio, tareas de bricolaje… Los más demandados son la ayuda a enfermos o ancianos (28% de las horas trabajadas) y el cuidado de niños (16%).

La ley promovida por el entonces ministro de empleo, Jean-Louis Borloo, concede deducciones fiscales a quienes contraten asistencia doméstica. También rebaja el IVA a las empresas especializadas en prestar estos servicios. Precisamente uno de los objetivos principales es que la contratación directa por particulares vaya siendo sustituida por el recurso a empresas que atiendan la demanda de asistencia con su personal asalariado. Así se espera que los trabajadores del sector ganen estabilidad en el empleo, profesionalidad y mejores sueldos. Con todo esto, la meta era que en tres años, o sea al término de 2008, se creara el equivalente de 500.000 empleos de jornada completa en el sector (el “equivalente”, porque muchos serían de dedicación parcial).

El balance provisional muestra un notable progreso. El número de horas trabajadas en estos servicios subió un 20% entre 2006 y 2008. La constitución de empresas especializadas en ellos se multiplicó por 2,5 de 2005 a 2007. En 2006, el sector generó 116.000 empleos nuevos, el 60% de los puestos creados en Francia durante ese año.

Pero casi todos esos empleos (113.000) son de dedicación parcial y por cuenta de particulares, y equivalen a unos 26.500 puestos de jornada completa. Por tanto, la meta de la ley Borloo está muy lejos de cumplirse. Pese a la perceptible expansión de las empresas de servicios a la persona (cfr. Aceprensa 42/07), los empleadores particulares representan todavía el 80% del mercado. El 15% corresponde a asociaciones, que antes de la ley estaban bien establecidas en las regiones como proveedoras de tales servicios; las empresas solo tienen el 5% restante.

La razón parece no ser otra que las familias prefieren contratar directamente a personas que conocen o de las que tienen referencias por medio de parientes o amigos. La ley Borloo preveía que los particulares serían atraídos por los servicios normalizados de una empresa, con calidad certificada, que además les evita convertirse en patronos. Pero no ha ocurrido así, sino en muy escasa medida.

Esta primavera se publicará un informe oficial sobre los resultados de la ley Borloo, con propuestas para retocarla.

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