Apoyo para los matrimonios sin hijos

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Duración lectura: 3m. 55s.

La Conferencia episcopal estadounidense acaba de lanzar un plan para ayudar y atender a los matrimonios que desean tener hijos y no pueden. Además de ofrecerles recursos en su página web, ha publicado un documento en el que recuerda algunos principios morales sobre las técnicas de asistencia a la fertilidad.

Los obispos de Estados Unidos se han tomado muy en serio la defensa de la familia. En los últimos años, han publicado varios documentos para aclarar la doctrina sobre el matrimonio. Los dos más importantes son: Married Love and the Gift of Live (2006) y Marriage: Love and Life in the Divine Plan (2009).

Ambos tratan de explicar de modo atractivo algunas ideas básicas sobre el matrimonio y la familia. Además, también recogen argumentos sobre cuestiones como la contracepción, las uniones homosexuales, el divorcio y la cohabitación sin vínculo matrimonial.

El empeño cultural de los obispos suele ir acompañado de campañas que ofrecen recursos prácticos para reavivar la estima por el compromiso conyugal. La más conocida de todas es “For Your Marriage”, que lleva más de tres años en marcha (cfr. Aceprensa, 4-06-2007). Hace poco lanzaron una versión de esta campaña para el público hispano (www.portumatrimonio.org).

Soluciones que no lo son

Ahora, la Conferencia episcopal estadounidense ha querido acercarse de un modo especial a los matrimonios que desean tener hijos y no pueden. Como primera medida, ha creado una sección especial en su web para recordarles los medios lícitos que tienen a su alcance.

Según informa el Washington Post (20-02-2010), en algunas diócesis de Estados Unidos ya existían iniciativas aisladas. En la de St. Louis se han hecho famosas las “misas para matrimonios sin hijos”, con homilías y oraciones pensadas para ellos. La costumbre comenzó con el entonces arzobispo de St. Louis Justin Rigali (ahora cardenal de Filadelfia) y la ha continuado su sucesor, Robert Carlson.

Aunque este tipo de iniciativas siempre son bienvenidas, los obispos han querido abordar el fenómeno de la esterilidad más a fondo. Su objetivo es aliviar a los matrimonios que sufren este problema. Además, quieren aclarar los dilemas éticos que suscitan algunos tratamientos de la infertilidad.

Para los obispos, ambos aspectos van unidos. Hay técnicas -dicen- que son soluciones y otras que no lo son, pues no respetan la dignidad de los cónyuges, del matrimonio ni de la procreación. En este sentido, no se puede hablar de verdaderas soluciones, aunque desde el punto de vista técnico prometan maravillas.

Fruto de su experiencia en la diócesis de St. Louis, el cardenal Rigali constata que “hay mucha confusión entre los fieles católicos sobre las enseñanzas de la Iglesia acerca de las técnicas de reproducción asistida”.

Compasión y claridad

Para abordar este problema, los obispos estadounidenses se reunieron en Baltimore el pasado noviembre. De ahí surgió un documento programático, titulado Live-Giving Love in an Age of Technology.

El texto comienza recordando que la apertura a la vida es esencial al matrimonio. El problema es que, según los datos que manejan los obispos, hoy una de cada seis parejas padece infertilidad. Esto constituye una fuente de sufrimiento real para muchos esposos.

Los obispos se hacen cargo de su situación con realismo: “La esterilidad puede afectar a las relaciones sexuales e incluso a la estabilidad del matrimonio. También puede alterar las relaciones con los padres y los suegros, que expresan su decepción ante la falta de nietos. Los católicos pueden sentir un dolor todavía más profundo, al escuchar a la Iglesia elogiar la vida familiar y enseñar que los niños son el don supremo del matrimonio.”

A continuación, el documento aclara algunas cuestiones que causan perplejidad en sectores cada vez más amplios de la sociedad: la relación entre sexualidad y procreación; la donación de óvulos y esperma; la fecundación in vitro; la clonación humana; la adopción de embriones congelados, etc.

Los obispos hacen un llamamiento a los demás católicos para que apoyen a los matrimonios sin hijos. Además, incentivan la adopción como “una forma admirable de formar una familia” y de contribuir a la creación de una cultura de la vida.

El documento se cierra con un mensaje final: “El matrimonio es la primera y más básica comunidad de amor (…). Si se tiene esto en cuenta, se comprende que algunos aspectos del matrimonio y de la paternidad no pueden ser delegados a otros ni sustituidos por la tecnología”.