Miguel Ruiz Montáñez

20.Ene.2009

Gerberto de Aurillac, que llegó al pontificado con el nombre de Silvestre II, fue uno de los mayores eruditos de su tiempo y el papa del anterior cambio de milenio (999-1003). Ambas circunstancias cooperaron en la forja de ciertas leyendas en torno a su persona, que el autor aprovecha para montar una trama bastante disparatada con los ingredientes habituales: Iglesia, medievo, aristocracia, códigos secretos, sectas, espiritualidad new age...