El autor rescata en estas páginas el pensamiento de Erik Voegelin, que supo poner en diálogo las principales nociones jurídicas y políticas de la modernidad con las tradiciones clásicas.
Un elogio de la cultura, no como industria o producto, sino ante todo como cultivo del ser humano y de todas sus manifestaciones creativas, desde las artes a las ciencias.
Para entender las raíces del movimiento juvenil de 1968 y valorar sus consecuencias en la cultura y las mentalidades, ahora que el populismo reivindica aquel legado.