Los adolescentes que más leen obtienen mejores calificaciones

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Duración lectura: 3m. 46s.

El rendimiento académico de los alumnos adolescentes guarda bastante relación con la afición lectora; las chicas leen significativamente más que los chicos; la familia es el ámbito que más influye en los hábitos lectores de estos alumnos. Estas son las principales conclusiones del informe “Los hábitos lectores de los adolescentes españoles”, que ha elaborado el Centro de Investigación y Documentación Educativa (CIDE), órgano dependiente del Ministerio de Educación.

La finalidad de este informe era conocer la afición a la lectura de los jóvenes con edades comprendidas entre los 15 y 16 años y analizar los factores personales, familiares y escolares relacionados con ella. Han participado 6.288 centros de toda España, con la excepción de Ceuta, Melilla y Cataluña. Los centros analizados son de titularidad pública, privados y concertados.

El estudio concluye con dos ideas fundamentales. En primer lugar, se ha comprobado empíricamente que un adolescente aficionado a la lectura obtiene, por lo general, mejores resultados académicos, tiene menos dificultades para leer y suele ser más creativo e imaginativo. En segundo lugar, se constata que los hábitos lectores se adquieren, por este orden, en la familia, en la escuela y en la sociedad; por eso, las campañas de fomento de la lectura deben abarcar todos estos ámbitos, y no ceñirse exclusivamente a la escuela.

Según los datos de este estudio, el 36% de los adolescentes tienen bien adquirido el hábito lector, es decir, leen por placer al menos varias veces por semana; hay un 38% de lectores ocasionales y un 26% que no leen nunca o casi nunca. Estos datos son sensiblemente más optimistas que los correspondientes a la población adulta, donde el porcentaje de adultos que no lee nunca o casi nunca es superior al 45%.

Uno de cada tres jóvenes dedica menos de una hora semanal a leer libros voluntarios, otro dedica entre una y tres horas y el tercero dedica más de tres horas. Sobre los libros leídos por placer, el 38% dice haber leído uno al mes, el 33% dos o más, y el 28% no ha leído ninguno. Entre diez actividades que los adolescentes pueden realizar en su tiempo libre, leer ocupa la penúltima posición en sus preferencias, por delante sólo de “no hacer nada”. “Parece claro -escriben los autores de este informe- que los jóvenes optan por utilizar su tiempo libre para salir con amigos, escuchar música, ir a las discotecas o practicar un deporte, antes que leer”.

Las chicas leen más que los chicos. De hecho, la proporción de alumnas con hábito lector duplica a la de alumnos (un 66% de chicas tienen un hábito lector alto, frente al 34% de los chicos). Los chicos suelen asociar la lectura a la obligación y las chicas más al placer. También la preferencias lectoras son distintas. Los chicos prefieren los libros de aventuras y de humor, mientras que ellas optan por los de terror y románticos. Las mujeres son también las que más leen poesía y obras románticas; los chicos, por su parte, leen más libros de ciencia/tecnología y salud/deportes.

El informe demuestra también que la familia es “el ámbito que más influye en los hábitos lectores de los adolescentes”, “de tal forma que cuanto más leen ambos padres más leen los hijos” (más del 40% de los alumnos con padres lectores frecuentes lo son ellos a su vez). En este sentido, influye más el nivel de estudios de los padres que el nivel socio-económico o el hábitat. La influencia de la escuela sobre estos hábitos es sin duda menor que la de la familia, a pesar de que en los últimos años se ha dado un importante empujón a todas aquellas actividades escolares relacionadas con la afición a la lectura. El informe destaca el papel primordial que tienen las actividades lectoras que se realizan en las clases de Lengua y Literatura, como son los debates sobre lecturas y los análisis de textos.

También se comprueba que los alumnos que disponen de un ordenador e Internet en sus hogares tienen un hábito lector más alto y que, por el contrario, los alumnos que poseen videoconsolas y televisiones de pago presentan un hábito lector más bajo que los que no los tienen.

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