La revolución boliviana quiere una asignatura de Religión a su medida

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La enseñanza de la religión en las escuelas de Bolivia se ha convertido en uno de los temas del proceso de reformas que quiere realizar el presidente Evo Morales. También aquí se nota el discurso indigenista trasladado a las aulas, según el anteproyecto de ley educativa que quiere introducir una perspectiva “descolonizadora” y “anti-imperialista”. Aunque el presidente se mantiene por ahora alejado de la polémica, ha anunciado que hablará pronto sobre este asunto.

Acaba de celebrarse un Congreso Nacional de Educación y se han impuesto todas las tesis del oficialista Movimiento al Socialismo (MAS). El documento final servirá de base para los trabajos de la Asamblea Constituyente, que se reunirá por primera vez el 6 de agosto. Los representantes de la escuela privada, de los maestros urbanos y de la Iglesia abandonaron las sesiones tras comprobar que no había lugar para el debate. Los representantes de la Iglesia arrojaron a última hora la toalla tras sufrir un intento de agresión.

El ministro de Educación, Félix Patzi, califica a estos sectores de “minorías disidentes” frente a “la voz del pueblo”, que ha hablado en el Congreso Nacional de Educación. Y “el pueblo” ha decidido que la educación debe ser “laica”, promover los “valores propios” y rechazar “todo tipo de dogmas”.

De los últimos movimientos y declaraciones del Gobierno, se deduce que, finalmente, la religión no desaparecerá de las escuelas. La ministra de Justicia ha advertido, no obstante, que el planteamiento de la asignatura deberá ser cambiado y sustentarse sobre la cosmovisión andina. Patzi, en declaraciones a la televisión estatal TVB, advirtió que ni siquiera los colegios confesionales tendrán el derecho a impartirla como hasta hora. Quedarán prohibidas la “catequesis” y la “labor pastoral”, y se impondrá una suerte de “historia de las religiones”, con especial atención a las supuestas creencias precolombinas.

Para concretar los contenidos de la asignatura, Patzi, uno de los pocos licenciados universitarios en el Gobierno, quiere convocar a representantes de lo que él considera las tres grandes cosmovisiones religiosas del país: sacerdotes, pastores evangélicos y “amautas”. Estos últimos serán personas expertas en rituales mágicos y cultura quechua y aymará. Sus propuestas se basan, en realidad, en suposiciones de lo que debió ser la religiosidad de los señores incas. Esas religiones dicen mantenerlas aún vivas algunas sectas de corte “new age”, y también ciertas personas que viven de los turistas occidentales, a quienes ofrecen “rituales” con sesiones de meditación o incluso drogas alucinógenas.

Igual que sucedió en el antiguo Egipto, en el imperio inca una pequeña élite era dueña absoluta de la vida y de las posesiones del resto de la población, sumida en la ignorancia. Con su desaparición, se perdieron todos sus conocimientos y cosmovisiones religiosas, y tan sólo quedó la cultura iletrada campesina que, como casi todos los pueblos inmediatamente posteriores a la aparición de la agricultura, veneraba la fertilidad de la tierra, la Pacha Mama. Algunos rasgos de esa cultura campesina perviven aún hoy en el mundo rural, impregnados casi siempre de catolicismo.

Discurso indigenista

El presidente Evo Morales se ha sumado al discurso de parte de la izquierda latinoamericana que reivindica para sí el indigenismo, y los principales actos de su Gobierno son amenizados con supuestos rituales precolombinos.

Esa ideología es la que el MAS pretende trasladar a las escuelas. De confirmarse esta sospecha, algunas comunidades de religiosos de enseñanza han anunciado que tendrán que abandonar el país. Micaela Princiotto, representante de la Conferencia Episcopal para los colegios de convenio, mantiene, sin embargo, una actitud más realista, y cree que, sin un consenso, es “muy difícil que estas decisiones se puedan aplicar”.

En otras palabras: Bolivia no es un país europeo en el que el Estado pueda permitirse económicamente asumir todo el peso de la educación. Especialmente en el mundo rural, las escuelas de convenio son indispensables para garantizar el acceso universal a la enseñanza.

Tampoco parece muy factible el objetivo del Gobierno de que los jóvenes dominen, cuando salgan de la escuela, el español, el inglés y un idioma indígena, además de tener suficientes conocimientos sobre una treintena de culturas originarias. La realidad, bastante más triste, demuestra que buena parte del profesorado tiene una formación muy escasa. Lo que sí será decisivo es el debate sobre la libertad en la redacción de los libros de texto y las guías lectivas para profesores. La mayoría de los maestros se limita a seguir al pie de la letra estos libros y a realizar las actividades que en ellos se detallan.

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