La escuela en casa

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Newsweek (10-X-94) informa de un fenómeno educativo que se extiende en Estados Unidos: miles de niños cursan los estudios en casa. Antes era una opción casi exclusiva de familias disconformes -casi siempre por motivos morales- con el sistema escolar. Pero ahora la enseñanza doméstica se ha difundido y perfeccionado: emplea ordenadores conectados a bases de datos y se imparte por medio de organizaciones especializadas, con tutores que dirigen los estudios.

(…) En casa, los chicos pueden acceder a los clásicos de la literatura y del arte archivados en la red Internet, así como bucear en las bibliotecas de las universidades, participar en clases “interac-tivas” y hacer trabajos junto con compañeros de todo el mundo. Pueden aprender álgebra, redacción y literatura, o interpretación de los sueños, veterinaria y botánica. (…)

No todo el mundo cree que la solución de los males de la enseñanza pública esté en terminales y modems. “Me parece que se está exagerandomucho las posibilidades de la tecnología y de la enseñanza doméstica -dice una funcionaria del Departamento de Educación-. La tecnología nunca podrá sustituir la relación entre profesor y alumno”.

Mientras prosigue el debate, los números apuntan hacia una dirección. El Instituto Nacional de Investigación de la Enseñanza Doméstica calcula que estudian en casa alrededor del 1% de los 50 millones de chicos de edad escolar que hay en todo el país. Esto supone un aumento del 15% anual desde 1990. El fenómeno ha conocido un especial apogeo en el Estado de Washington, que tiene leyes relativamente permisivas sobre la enseñanza doméstica. Aunque los chicos que aprenden en casa son sólo 14.000 de los 915.000 estudiantes que hay en el Estado, su número casi se ha triplicado en los últimos siete años.

Antes, la enseñanza doméstica era casi exclusiva de cristianos fundamentalistas o de hippies. Pero empieza a ganar adeptos entre familias de clase media deseosas de seguridad. Estas familias comparten el miedo a la violencia y a la mala calidad que aquejan a la escuela pública, así como el disgusto con la burocracia escolar.

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