A la desigualdad por el igualitarismo escolar

“El igualitarismo de nuestro sistema perpetúa la desigualdad”. Es el diagnóstico del presidente de la tercera cámara del Tribunal de Cuentas francés, que ha publicado un informe sobre el rendimiento de la educación nacional. Los datos de fracaso escolar muestran que se deja en la estacada a muchos chicos por fijar las mismas clases a todos los alumnos y los mismos horarios a todos los centros.

El informe (L’éducation nationale face à l’objectif de la réussite de tous les élèves) es fruto de un estudio de dos años. Para elaborarlo se escucharon testimonios, se hizo una encuesta a 60 colegios y se examinaron tres redes escolares extranjeras: Ginebra (Suiza), Castilla-La Mancha (España) y Escocia (Gran Bretaña). El tema central es cómo repercute la organización escolar (gestión de presupuesto, horarios, distribución de profesores…) en el progreso de los alumnos.

La escuela pública francesa está concebida como una maquinaria unificadora que asegura la igualdad de oportunidades y compensa las diferencias sociales dando a todos la misma educación. En la práctica, la disparidad de partida se mantiene en buena parte: el 12,7% general de fracaso escolar al final de la secundaria se reparte en un 8,9% para los hijos de titulados superiores o profesores, y un 20,8% para los hijos de obreros o inactivos. La razón es, según el Tribunal de Cuentas, que el menú único no sirve para las necesidades de los estudiantes menos favorecidos.

Con datos del estudio PISA, el informe señala que Francia es el país donde más han aumentado las diferencias de resultados entre alumnos de 2000 a 2006. Es también el país donde la extracción social de los estudiantes tiene más repercusión en el rendimiento: en torno al doble de la que se observa, por ejemplo, en Canadá o Japón.

La receta del Tribunal es poner al alumno “en el corazón del sistema”. Por tanto, “se impone sustituir la lógica de la oferta escolar -basada en asignar recursos en función de los planes: tantas horas de clase, que requieren tantos profesores, que requieren tal presupuesto- por una lógica fundada en la demanda, o sea en un conocimiento más preciso de las necesidades de los alumnos”.

Para ilustrar la necesidad de abandonar la asignación uniforme de recursos, el Tribunal trae a colación un dato: entre un liceo con una tasa de éxito del 100% en el examen de bachillerato y otro con el 40%, solo hay una diferencia del 10% en horas de clase. Para lograr una organización más flexible y más eficaz habría que “dejar de decir que todos los alumnos han de tener las mismas horas de matemáticas”. El informe remite a la experiencia de Escocia, donde los alumnos pertenecen a la clase que les corresponde por su edad, pero a las horas de las asignaturas fundamentales cada uno está con el grupo adecuado a su nivel de conocimientos.

El diagnóstico del Tribunal de Cuentas se suma a otro informe del Institut Montaigne, un think thank, sobre el fracaso escolar en la escuela primaria. De los que terminan este nivel de enseñanza, dice, un poco más de la cuarta parte presentan deficiencias en lectura, escritura y matemáticas, y la mitad de estos no alcanzan las competencias básicas. Entre otros remedios, el Instituto recomienda identificar desde el principio a los niños con dificultades para aprender, a fin de dedicarles una atención especial. También propone alargar el calendario escolar, con clases en cinco días completos (ahora la tarde del miércoles no es lectiva) y dos semanas más al año.

Los dos informes abogan por reformar a fondo el sistema educativo francés. El Ministerio debería tomar en consideración al menos el del Tribunal de Cuentas, que es oficial aunque no vinculante.

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