Grietas en el modelo escolar alemán

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Duración lectura: 3m. 14s.

Grietas en el modelo escolar alemán
La Universidad está saturada y la Formación Profesional pierde atractivo

Últimamente en Alemania ya nada es lo que era. Tampoco la enseñanza. El sistema de formación profesional (FP), considerado como ejemplar en el extranjero, atrae a menos alumnos y suscita más críticas. La Universidad, en cambio, está desbordada ante la multitud de estudiantes sin prisa por acabar sus carreras. La reforma escolar es inevitable, pero se retrasa una y otra vez.

En principio, todo joven de menos de 18 años que no siga otros estudios debe cursar la FP. Esta orientación no se consideraba un fracaso y, de hecho, siempre habían sido más los jóvenes que seguían esta formación que los universitarios. La FP se desarrolla en alternancia en las escuelas profesionales y en las empresas. Para hacerse cargo de la formación de un joven, la empresa establece un contrato de aprendizaje con el interesado. Con este enfoque eminentemente práctico, el joven aprende las técnicas que de hecho se están utilizando en las empresas y, al acabar su formación, a menudo era contratado por la empresa (cfr. servicio 19/92).

Este modelo escolar ha dejado de funcionar con fluidez. En primer lugar, hoy son más los jóvenes que van a la Universidad (1,8 millones) que los que estudian FP (1,4 millones). Las Universidades, desbordadas, tienen que recurrir al numerus clausus en diversas disciplinas y al alquiler de edificios fuera del campus. Otro signo de cambio es que un tercio de las inscripciones en primer curso procede de alumnos que, tras estudiar la FP, quieren volver a la enseñanza académica.

¿Por qué esta avalancha de candidatos a la Universidad? La verdad es que, al menos hasta ahora, los que han pasado por la Universidad han tenido mejores sueldos y oportunidades de promoción. Por otra parte, aunque la tasa de paro de jóvenes en Alemania es inferior a la de otros países (lo cual indica una buena formación profesional), en los últimos tiempos ha ido creciendo hasta alcanzar la media nacional (7,4%). Pero no está claro que el título universitario sea un pasaporte para el empleo deseado. De hecho, ya no es raro encontrar licenciados ocupados en trabajos manuales.

¡Y si, al menos, los universitarios acabaran pronto sus estudios! Nada de eso: son los estudiantes más viejos de Europa. Entran a los 19 años y no acaban, como media, hasta los 27. La gratuidad de los estudios y las ayudas sociales no incitan a abandonar la Universidad.

Bonn y los Länder son reacios a soltar más dinero si las Universidades no se reforman. Pero aún no se ha llegado a un acuerdo. Se manejan varias soluciones: reducir la duración de los estudios; crear un diploma intermedio más profesional, que permita salir antes de la Universidad; acabar con la gratuidad de los estudios, y dar beca al que la necesite; modular las asignaciones presupuestarias a las Universidades en función de los estudiantes que acaban…

La FP, aunque envidiada por otros países, tampoco se libra de las críticas: insuficiente profesorado en algunas disciplinas, falta de adecuación entre los contenidos de la enseñanza en las escuelas y en las empresas, reducción de contratos de formación por parte de grandes empresas… Puestos a matizar, se comprueba que está en baja el aprendizaje en la industria, mientras que en el sector terciario se mantiene.

De todos modos, lo que está cambiando es el tradicional reparto de los jóvenes entre el dominio técnico propio de la FP y los conocimientos teóricos dispensados por la Universidad. Hoy la mayoría busca un título de enseñanza superior. Los campus no están preparados para acoger a tantos y quizá el mercado de trabajo tampoco.

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