Debate en Gran Bretaña sobre los criterios de admisión en la escuela

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Una propuesta del gobierno y una decisión personal de una destacada política laborista han vuelto a suscitar en Gran Bretaña el debate sobre la selección de alumnos por parte de las escuelas. La ministra de Educación, Gillian Shephard, quiere que los centros subvencionados tengan más posibilidades de dar preferencia a los buenos estudiantes. El programa laborista, en cambio, pide acabar por completo con la selección. Lo que no ha impedido que Harriet Harman, ministra de Sanidad en la sombra, haya optado por llevar a su hijo a una escuela selectiva.

Quienes están a favor de la selección ven en un examen universal -basado en pruebas académicas objetivas y no en la situación económica del alumno- un modo de romper las barreras tradicionales que separan a las clases modestas de la enseñanza de calidad.

Sin embargo, una de las principales críticas al antiguo sistema de selección era el bajo nivel educativo que se proporcionaba a los estudiantes que no aprobaban el examen. El problema estaba, sobre todo, en que no había una buena formación profesional para los alumnos que no accedían a los estudios superiores.

Cuando los laboristas llegaron al gobierno en los años sesenta, suprimieron los exámenes de ingreso en las escuelas secundarias estatales y la separación entre los dos tipos de centros. Más tarde, los conservadores, en tiempos de Thatcher, dieron a las escuelas públicas la posibilidad de no depender de la autoridad de las administraciones educativas locales y pasar a ser subvencionadas directamente por el gobierno. Esto significa al mismo tiempo que los padres pueden escoger entre las nuevas escuelas autónomas en vez de acudir a la que les adjudique la administración educativa local. Los centros autónomos son financiados, en parte, según el número de alumnos que atraigan.

En 1992, el gobierno conservador autorizó a estas escuelas estatales a escoger a un 10% de sus alumnos en función de criterios como aptitudes específicas para la música, el arte, el deporte, los idiomas… Hoy, en una de cada tres escuelas públicas hay pruebas de selección, porque en muchos centros autónomos el número de solicitudes supera al de plazas. Cuando eso ocurre, la escuela puede seleccionar los alumnos en función de diversos criterios, por ejemplo, la proximidad del domicilio, las aptitudes académicas, la disciplina o la actitud religiosa, como en el caso de los colegios católicos.

A principios de este mes, la ministra de Educación anunció que el gobierno piensa ampliar la cuota al 15%, para que puedan escoger a los candidatos con más capacidad académica. Para seleccionar un porcentaje más elevado tendrán que solicitar permiso al Ministerio. En el fondo, Shephard pretende favorecer la calidad y la variedad en la enseñanza, moviendo a las escuelas a especializarse. Y cree que esto no será posible si los colegios no tienen facultades para escoger a los alumnos brillantes y que se adecúen al carácter propio del centro.

El peligro, según The Economist (13-I-96), es que se invierta el sentido de la selección que los mismos conservadores instauraron para favorecer la libertad de enseñanza. Es decir, el sistema propuesto fomentará que las escuelas escojan a las familias, en vez de las familias a las escuelas.

Por su parte, los laboristas dicen que se ha de acabar con el foso que divide la enseñanza británica en dos mundos separados: el de las escuelas privadas y las subvencionadas pero selectivas, de un lado, y el de las escuelas estatales generales en las que todos los alumnos son admitidos, de otro. Los resultados académicos difieren notablemente entre uno y otro tipo de escuela. El ideal laborista es que estudiantes de todas las capacidades, aptitudes y clases sociales aprendan juntos.

Con eso no parece casar la decisión de Harman, aunque ella no ha hecho más que seguir el ejemplo del propio líder del partido, Tony Blair, que lleva a sus hijos a una escuela católica. Harman ha provocado las iras de algunos compañeros de partido -entre los que no se encuentra Blair- e ironías por parte de los conservadores. Dicen éstos que justamente la libertad que Harman se reserva es la que ellos pretenden dar a todos los ciudadanos: poder escoger un tipo de educación, en bien de su hijo, sin que su decisión personal resulte estorbada por el programa laborista.

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