Corea del Sur: Toque de queda… para empollones

Según explica The Wall Stret Journal (6-10-2011), algunas administraciones surcoreanas han impuesto un toque de queda que limita las horas que los estudiantes pueden estar en los hagwons, academias privadas a las que acuden después del colegio muchos alumnos.

Si el principal problema educativo de muchos países es el fracaso escolar o los bajos rendimientos, en Corea del Sur lo que produce auténticos quebraderos de cabeza a las administraciones es la “sobreeducación”. La competencia por obtener buenas notas ha conducido a Corea a los primeros puestos en los principales rankings internacionales sobre calidad de la educación, pero tiene también su cara oscura.

Para entrar en las mejores universidades

La feroz competencia por entrar en las mejores universidades lleva a las familias a recurrir a las academias privadas como complemento a la educación reglada. El gobierno ha contabilizado 95.000 academias y otros 84.000 profesores que trabajan por su cuenta. La obsesión con entrar en alguna de las universidades punteras se explica porque las grandes empresas tecnológicas del país y el gobierno reclutan la gran mayoría de sus trabajadores de estas universidades.

Los perjuicios derivados del éxito de las academias están siendo cada vez más denunciados por parte del propio gobierno y de diferentes organizaciones sociales. Por un lado, estas academias contribuyen a ensanchar la brecha social entre clases, pues no todos pueden permitirse los gastos del hagwon; por otro, producen o refuerzan una obsesión con el éxito académico que puede llegar a ser patológica; además, los hagwon provocan un peligroso efecto deslegitimador de la enseñanza regular. Incluso la demografía parece verse afectada por el éxito de las academias privadas: el coste suplementario que los hagwons suponen a la educación es una de las causas que explican que Corea tenga la tasa de natalidad más baja de todos los países desarrollados: 1,1 hijos por mujer en edad fértil.

Un buen negocio

Los hagwons han demostrado además gran flexibilidad para amoldarse a los horarios de los estudiantes, claro que esa flexibilidad implica que la jornada lectiva de un alumno puede acabar bien entrada la noche. Los precios varían según el distrito.

Precisamente las tasas excesivas de algunos hagwons es una de las prácticas que el gobierno surcoreano se está esforzando en erradicar, estableciendo unas cantidades máximas. Otro problema es la evasión de impuestos, ya que muchas de estas academias son invisibles para el fisco. Pero la medida más curiosa implementada por el gobierno es el toque de queda, que en Seúl es a las 10 de la noche.

Los hagwons no se han quedado parados ante la regulación, y buscan la manera de burlar el control: alquilan locales donde continúan con las clases después del toque de queda o llevan a los alumnos a coffe shops para que sigan estudiando.

Hasta tal punto ha llegado la clandestinidad que el Estado ha ofrecido recompensas de hasta 1.000 dólares para quien desenmascare –con pruebas– las prácticas irregulares de algún hagwon. La pronta respuesta –parece que el dinero es realmente una obsesión tanto para unos como para otros– ha cristalizado en la figura de los hagparazzi (de hagwon y paparazzi), que se pertrechan con una cámara oculta e indagan sobre los horarios y tasas de la academia fingiendo ser padres o estudiantes interesados.

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