Coeducación en los pupitres y feminización en las tarimas

Si en algunos trabajos el problema es la escasa presencia de la mujer, en otros es justo el contrario. Así está ocurriendo cada vez más en los primeros tramos de la enseñanza. El abrumador predominio de las mujeres en el cuerpo docente tiene como consecuencia que los niños se encuentren sin modelos de referencia masculinos en la escuela.

Ya a nadie sorprende que la enseñanza preescolar esté prácticamente a cargo de mujeres. Pero la enseñanza primaria está siguiendo la misma tendencia. Según las últimas estadísticas sobre la enseñanza pública en países de la OCDE, correspondientes a 1992, son mujeres al menos dos de cada tres profesores de primaria, proporción que en algunos países llega a nueve de cada diez. Italia, con un 93% de maestras, y Portugal, con un 91%, son los dos países donde hay menos hombres dedicados a la enseñanza a ese nivel.

En el primer ciclo de secundaria el porcentaje de hombres va del 29% en Italia al 50% en España y Reino Unido. Los porcentajes masculinos y femeninos tienden a equilibrarse en el segundo ciclo de secundaria, aunque también allí las mujeres siguen siendo mayoría. Portugal es el país que tiene el porcentaje más escaso de profesores de sexo masculino (29%) en ese nivel.

Las cifras indican que, si bien hay coeducación en los pupitres, en las tarimas hay sobre todo mujeres. Esto contribuye a que los niños, sobre todo en la preadolescencia, se encuentren sin figuras de referencia masculinas en la escuela. El problema se agrava en el caso de las familias monoparentales a cargo de la madre, donde los hijos tampoco encontrarán un modelo paterno.

La importancia de este asunto ha llevado a que la Asociación Nacional de Directores británicos advierta en un reciente informe el desequilibrio que supone que el 80% de los profesores de primaria del Reino Unido sean mujeres. Cualquier solución para reforzar el prestigio social de los maestros, dice el informe, supone un incremento de sus sueldos, ya que actualmente apenas alcanzan para mantener una familia, razón por la cual atraen cada vez a menos hombres.

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