Transgresión y sensualidad

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Duración lectura: 1m. 56s.

Ignacio Sánchez Cámara escribe en ABC Cultural (2 agosto 2003) sobre la nueva muletilla del carácter transgresor de las obras de arte.

Apenas es posible no encontrarse con estos dos términos -“transgresión” y “sensualidad”- repartidos como entusiasta elogio crítico de obras de arte, reales o presuntas. Todo artista genuino ha de ser transgresor, aunque no sepamos muy bien qué opresivas normas y prejuicios deba transgredir. Aunque no haya normas de validez reconocida. Y toda obra de arte debe ser, además de transgresora, o, precisamente por ello, sensual. La sensualidad es el supremo criterio estético. (…)

Sin embargo, sólo cabe transgredir algo si se reconoce la existencia de un orden o código de normas o, al menos, de un canon. Ante el imperio de la anomia, no cabe la transgresión. Sólo si hay moral se puede ser inmoral. Sólo donde existe la ortodoxia se puede ser heterodoxo. Mas ser heterodoxo en la anomia, sólo puede ser imputado a la cuenta abundante de la estupidez. (…)

Don Juan puede ser transgresor porque reconoce la existencia de Dios y del orden moral, y se rebela contra ellos. Pero quien niega a Dios y al orden moral, no transgrede; simplemente, actúa a su albedrío. (…)

Por lo demás, hay algo de verdad en la tesis de la sensualidad en el arte. Pero es una verdad parcial que se convierte, por ello, en falsa. Como afirmó Hegel, la belleza consiste en la intuición sensible del Espíritu, de lo Absoluto. Toda belleza es sensible, pero apunta a lo espiritual. Es el intento de apresar lo espiritual a partir de lo sensible. Pero para los ciegos de espíritu, sólo existe la sensualidad en sí, y no la sensualidad transida de espíritu, trascendida. Quien se queda sólo con las carnes rosadas de Tiziano o de Rubens, amputa la belleza de sus cuadros. Hoy la sensualidad se ha vuelto ortodoxa. Por eso nada hay más transgresor en nuestro tiempo que el espíritu, que la religiosidad. No en vano Kandinsky habló de la esencia espiritual del arte. Siempre ha sido así. Y siempre lo será. Para transgresores, Dante, Bach o San Juan de la Cruz. Lo demás es sensualismo progresista y pequeño burgués.