Más informados, pero ¿más sabios?

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Duración lectura: 2m. 22s.

Un reportaje de International Herald Tribune (16-III-99) recoge las opiniones de James Billington, bibliotecario del Congreso de Estados Unidos, sobre los riesgos de la “Era de la Información”.

Los expertos advierten que la Era de la Información podría convertirse en una época oscura de la historia humana. A diario, James Billington, el bibliotecario del Congreso, se preocupa de asuntos a ras de tierra como el modo de distribuir los libros en las estanterías o el almacenamiento digital de datos, pero también se plantea cuestiones más filosóficas, como ¿realmente toda esta información nos sirve para saber más?

(…) Hoy nadie puede leer todo lo que se publica. El mundo del conocimiento es un inmenso océano; lo único que puedes hacer es darte un baño de vez en cuando.

Sólo en Estados Unidos se publican más de 50.000 libros al año. En todo el mundo se publican unas 400.000 revistas. Pronto cada hogar tendrá acceso a cientos de canales televisivos. Internet tiene ya millones de sitios.

“Es muy significativo que llamemos a esto la Era de la Información y no la Era del Conocimiento”, dice Billington.

Billington suscribe una fórmula: los datos en bruto se pueden transformar en información, la cual, después de mucho esfuerzo y valor añadido, puede elevarse al nivel del conocimiento, que es la base de la sabiduría. Pero afirma que en esta época de sobrecarga de información, podemos estar caminando en la dirección equivocada. “Nuestra sociedad es fundamentalmente movimiento sin memoria, lo cual es, por supuesto, una de las definiciones clínicas de la locura”, añade Billington.

(…) La biblioteca ha puesto muchos de sus preciados volúmenes, mapas y documentos en un buscador de Internet. En el negocio del conocimiento todo el mundo corre para no perder el tren de los nuevos hábitos de investigación.

El sueño de muchos bibliotecarios es que algún día todos los conocimientos de la civilización estén en Internet. Aunque ese día aún no ha llegado. (…)

Billington dice que las bibliotecas deben evitar que Internet se convierta en un simple vástago de lo que él llama “cultura audiovisual”.

Afirma también que Internet reduce la capacidad de mantener la atención. Destruye la frase, fundamento del idioma inglés, con sus chat rooms mutiladores del lenguaje. Y presta más atención a la información novedosa que al material más antiguo. Una persona puede navegar en Internet durante horas y no encontrar nada escrito antes de 1995.

“Esto destruye la memoria -dice Billington-. Piensas que estás consiguiendo muchísima más información, hasta que descubres que has pactado con el diablo. Has ido mutando lentamente y te has convertido en una prolongación de la máquina”.

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