Lo primero, comprobar los hechos

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Duración lectura: 1m. 57s.

Hoy existe el peligro de que los medios, preocupados por llegar antes que la competencia, airear denuncias y provocar polémicas, se despreocupen de su primer cometido: comprobar los hechos. Es lo que advierten Tom Rosenstiel, director del Project for Excellence in Journalism, y Bill Kovach, responsable de la Nieman Foundation for Journalism, en un artículo publicado en The Washington Post (2-III-99).

(…) Como invertir en buscar información resulta muy caro, y el escándalo puede hacer que suban los índices de audiencia, gran parte de la llamada “revolución de la información” se mueve en el terreno de la especulación y la opinión, y no en el de obtener información.

Además, la continua espiral de noticias dificulta la verificación. El periodismo va camino de ser no tanto un producto elaborado como un proceso realizado en directo ante el público. Primero se afirma algo. Después, el presentador improvisa y especula hasta que viene la réplica.

El periodista, forzado a ir al paso de este vaivén, tiene menos tiempo para separar lo verdadero de lo falso, lo significativo de lo irrelevante. Al público se le da el trigo con paja, la materia básica. Se publican más “noticias”, pero salpicadas y sin apenas contexto.

Un periodismo de declaraciones no cribadas hace más difícil separar los hechos de las interpretaciones interesadas, la opinión de las insinuaciones, y hace a la sociedad más susceptible a la manipulación.

El periodismo es un foro de debate, pero el debate no saca a la luz la verdad, si no está basado en información precisa. Una polémica entre dos prejuicios no educa: sólo enciende pasiones.

Que haya más fuentes de noticias es bueno para todos. Pero esto resulta enormemente peligroso, si los periodistas lo entienden como una menor responsabilidad de comprobar los datos. Si algo implica la abundancia de fuentes, es que los periodistas tienen mayor responsabilidad, porque significa que hay más informaciones dudosas y más desinformación.

(…) Si quieren conservar su autoridad a los ojos del público, los periodistas harán bien en recordar el viejo adagio: en la duda, no publiques. Llegar el primero y equivocarse es peor que inútil. Es perjudicial, para el periodismo y para la sociedad.

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