El pecado original de Octavio Paz

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Duración lectura: 7m. 41s.

México D. F. Se cumplen diez años del fallecimiento del Premio Nobel de Literatura Octavio Paz (1914-1998), y no obstante el tiempo transcurrido, sigue siendo objeto de polémicas y discusiones. Lo más reciente fue que los diputados federales en México rechazaron por mayoría la propuesta de poner con letras de oro el nombre de Octavio Paz en el Muro de Honor del Palacio Legislativo. En cambio, los senadores inaugurarán una sala en homenaje al poeta mexicano.

¿Cuál es la razón por la que este intelectual no es aceptado en algunos ambientes? En su juventud, Paz simpatizó con el marxismo-leninismo. De hecho, como muchos otros intelectuales de su época, fue a España a apoyar la causa republicana en la Guerra Civil (1936-1939). Pero el inicio de la Segunda Guerra Mundial, cuando Hitler y Stalin se repartieron como botín de guerra el territorio polaco, fue un hito en su itinerario ideológico.

Paz se persuadió que el lenguaje seductor del dirigente ruso, promotor de “la búsqueda del bien del pueblo y del triunfo de las causas del proletariado”, escondía la burda personalidad de un dictador más, con un afán totalitario como el de Hitler.

Paz, desde ese año, rompió ideológicamente con el comunismo. Los intelectuales y algunos políticos de izquierda nunca se lo perdonaron. Mucho menos cuando publicó su libro El ogro filantrópico, donde denunció con valentía las atrocidades del sistema comunista.

Buscador de caminos

Por otra parte, Octavio Paz fue un permanente buscador de caminos. En París incursionó en el surrealismo de André Breton, en el dadaísmo de Marcel Duchamps, en el simbolismo, etc. Cuando estuvo de embajador en la India se acercó al budismo pero pronto se decepcionó. En su obra poética, Paz evolucionó desde el ateísmo existencialista de sus primeros poemas hasta declararse creyente de lo él llamaba “La Otredad” (Dios), aunque nunca llegó a la concepción del Dios personal cristiano.

Reconoce Paz que el hombre no es el resultado de la ciega casualidad. Considera que la idea del amor ha sido la levadura moral y espiritual de nuestras sociedades. Ante la crisis del hombre en el siglo XX -que se debate en el relativismo, el agnosticismo y el materialismo hedonista-, se debe buscar la resurrección del amor, entre el hombre y la mujer, entre las personas y entre los pueblos.

Con la lectura de cuatro versos atribuidos al astrónomo Ptolomeo, vio -como el sabio- “el cielo estrellado como una asamblea de almas inmortales” que le sirvieron de inspiración para escribir uno de sus más bellos poemas, “Hermandad”, en el que confiesa con sinceridad su anhelo de trascendencia:

Soy hombre: duro poco
y es enorme la noche.
Pero miro hacia arriba:
las estrellas me escriben.
Sin entender comprendo:
también soy escritura
y en este mismo instante
Alguien me deletrea.

En aquella histórica entrevista del político y periodista Carlos Castillo Peraza a Octavio Paz, titulada: “Octavio Paz, entre la historia y Dios” (“Proyección Mundial 30 Días”, mayo, 1988), el Nobel de Literatura declaró que en Goa (India) tuvo un reencuentro con la fe cristiana: “Un día (…) en el centro de una civilización que no era la mía, entré en la vieja catedral. Celebraba la misa un sacerdote portugués, en portugués. La escuché con fervor. Lloré. No sé todavía si redescubrí algo (…). Pero sentí la presencia de eso que han dado en llamar La Otredad. Mi ser otro dentro de una cultura que no era la mía. Mi identidad histórica”.

Paz experimentó una gran fascinación del “Otro Alguien”, y comentó: “El problema esencial del hombre es que, siendo hombre, no es sólo eso”. (…) Y concluía: “No soy creyente pero dialogo con esa parte de mí mismo que es más que el hombre que soy porque está abierta al infinito (…). Hay en los hombres una parte abierta hacia el infinito, hacia La Otredad”.

Armonía de los contrarios

Al margen de sus inquietudes espirituales, Paz fue un revolucionario de la poesía moderna. Su literatura y sus ensayos tuvieron una resonancia internacional. Dominaba de forma admirable al arte del verso: las más diversas métricas, los más variados ritmos, sus elocuentes pausas y silencios, sus rimas asonantes y consonantes y, sobre todo, la innovación. Recibió gran influencia del modernismo, del surrealismo y de poetas norteamericanos como Carl Sandburg, Hart Crane, William Charles Williams y Robert Frost.

Sobre todo en el modo de abordar literariamente la crisis del hombre contemporáneo de la gran ciudad, la soledad en la muchedumbre, la pérdida de la propia identidad, la angustia del instante fugitivo, de los aspectos inhumanos de un mundo que se ufana por los avances técnicos y el progreso, etc.

Hay, además, dos poetas claves en su vida: T.S. Eliot y Ezra Pound que lo introducen en el verso libre, lo que desemboca en su obra poética de vanguardia Blanco (1966). Por increíble que parezca, también este poeta mexicano se introduce en la poesía china y japonesa, además de ser un profundo conocedor de las literaturas prehispánicas, en especial de la azteca y la maya.

Filosofía y poesía

Acabamos de conmemorar los 50 años de su magistral poema “Piedra de sol”. También son interesantes sus poemas: “Nocturno de San Ildefonso”, “Piedras sueltas”, “Cuento de dos jardines” en el que escribe:

Estamos condenados
a matar el tiempo:
así morimos,
poco a poco.

Le apasiona tanto el “ser permanente” de Parménides como el “devenir constante” de Heráclito, que forman dos pilares subyacentes en su obra poética: el movimiento y la inmovilidad, la polaridad y la unidad en la armonía de los contrarios; la fijeza y el vértigo:

Lo sabía el azteca,
lo adivinaba el griego:
el agua es fuego y en su tránsito
nosotros somos sólo llamaradas.

(“Pasado en Claro”)

Pintura y poesía

Particularmente admirable resulta su logrado intento por incorporar el arte pictórico a la poesía. Un ejemplo de ello lo tenemos en “La Fábula de Joan Miró”, de clara influencia surrealista, en la que sobreviene una explosión de imágenes multicolores, de palabras luminosas y sugerentes y de profundas metáforas. Escribe:

¿Y todo esto para qué? Para trazaruna línea en la celda de un solitario,
para iluminar con un girasol la cabeza de la luna del campesino,
para recibir a la noche que viene con personajes azules y pájaros de fiesta,
para saludar a la muerte con una salva de geranios,
para decirle buenos días al día sinjamás preguntarle de dóndeviene y adónde va,
para recordar que la cascada es una muchacha que baja de las escaleras muerta de risa,
para ver al sol y a sus planetas meciéndose en el trapecio del horizonte,
para aprender a mirar y para que las cosas nos miren
y entren y salgan por nuestras miradas,
abecedarios vivientes que echan raíces, suben, florecen, estallan, vuelan, se disipan, caen.
Las miradas son semillas, mirar es sembrar.

Otros elementos constantes en su obra poética son la soledad, el tiempo, la búsqueda del origen, el amor apasionado hacia la amada, la muerte, el más allá…

Al mirar una pintura de Monet (“Los Chopos”, 1891), escribe:

Tránsitos: parpadeos del instante,
……………………………………………

Latir de claridades últimas:
quince minutos sitiados
que ve Claudio Monet desde una barca.
……………………………………………
visos, reflejos, reverberaciones, centellear de formas y presencias,
niebla de imágenes, eclipses,
esto que veo somos: espejeos.

(“Cuatro Chopos”)

“Anhelo y sorpresa -comenta la escritora Margarita Murillo González-, deseo y esperanza, ansia y desilusión permean Cuatro Chopos. Todo en el hombre es un intento, un impulso hacia el hallazgo de lo oculto, lo desconocido, lo fugitivo”.

Paz es un poeta que piensa, medita, filosofa, con un afán vehemente de encontrar la verdad, sin importarle que sus “hallazgos” no gusten a algunos intelectuales o pensadores. No se conforma con su intensa actividad creadora, busca también -con valentía y sinceridad- las respuestas a sus innumerables interrogantes; con singular belleza poética, va escudriñando la verdad. Sin duda, su obra literaria ha enriquecido a la lengua castellana y, además de gran poeta, fue un brillante ensayista, especialista en temas políticos, sociales, culturales, etc. Octavio Paz ha sido una de las conciencias más lúcidas de nuestro tiempo, no sólo para México sino para el mundo entero. Por ello, su designación como Premio Nobel de Literatura en 1990 fue muy bien acogida por la crítica internacional.

Quizá su “pecado original” fue que rompió ideológicamente con el comunismo o que su pensamiento y obra literaria brillaron “demasiado”, opacando a otros escritores de segunda categoría. Si por este motivo los diputados federales no desean tener su nombre en el Muro de Honor del Palacio Legislativo, es un hecho intrascendente, que manifiesta incultura e intolerancia, cuando en el mundo entero es reconocido como una de las voces más preclaras del pensamiento y la Literatura Universal.

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