Doris Lessing contra la corrección política

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Quienes alaban o atacan el premio concedido por la Academia sueca a la autora británica, porque su obra se haya considerado feminista, ignoran que ella abomina de etiquetas y corrección política.

Las reacciones a la concesión del premio Nobel de Literatura 2007 han sido en general tibias. Entre otras posiciones, hay quien alaba la obra de Doris Lessing, quien enumera extensión y características en un análisis frío, quien considera que actualmente hay otros autores de lengua inglesa de mayor calidad o quien critica la decisión como un precio pagado al pensamiento dominante, que ha etiquetado a la autora británica como icono feminista. Harold Bloom, profesor de Yale y crítico reputado, lo ha dicho precisamente así: la elección ha sido “pura corrección política”, puesto que aunque “al principio de su carrera literaria tuvo algunas cualidades admirables, su trabajo de los últimos 15 años me parece bastante ilegible… Ciencia-ficción de cuarta categoría”.

Sin embargo, Lessing es ideológicamente difícil de encasillar. Un artículo escrito por ella en The New York Times el 26 de junio de 1992 y ahora republicado por el International Herald Tribune (16-10-2007) así lo demuestra. En “Preguntas que nunca deberías hacer a un escritor” realiza una crítica feroz a lo que considera corrección política en el mundo de la crítica literaria, que a su vez considera una herencia mental del comunismo.

Así, cuando un entrevistador interroga a un escritor sobre lo que “el escritor debería…”, “siempre tiene que ver con una postura política, y fíjense en que esto supone que todos los escritores deberían hacer lo mismo, sea lo que sea. Las frases ‘¿Debería un escritor…?’ o ‘¿Tendrían los escritores que…?’ tienen una larga historia que parece desconocida a las personas que tan casualmente las usan. Otra es ‘compromiso’, tan en boga no hace mucho. (…) El sucesor de ‘compromiso’ es ‘concienciar’. Expresión de doble filo. La gente cuya conciencia se ve así incrementada puede que reciban la información de la que más desesperadamente carecen y que necesitan. Pero el proceso casi siempre significa que el alumno sólo recibe la propaganda que el instructor aprueba. ‘Concienciar’, como ‘compromiso’, como ‘corrección política’, es una continuación de aquella vieja intimidadora, la línea del partido [comunista]”.

Tras el derrumbe del comunismo

Se queja Lessing de cierta crítica que tiende a considerar que las historias son sobre un tema concreto (“el problema palestino, investigación genética, feminismo, antisemitismo, etc.”), encasillando así las novelas -también sus novelas-. Y señala que la asunción de “que una creación literaria tenga que tratar ‘realmente’ sobre algún problema es, otra vez, una herencia del realismo socialista. Se supone que escribir una historia con el propósito de contar historias es frívolo, por no decir reaccionario”.

“La frase ‘corrección política’ -escribe la Nobel- nació cuando el comunismo se derrumbaba. No creo que fuese por casualidad. No estoy insinuando que la antorcha del comunismo haya sido recogida por la corrección política. Estoy sugiriendo que sus hábitos mentales han sido absorbidos, a menudo sin darse cuenta”.

“¿Tiene la corrección política un lado positivo?, se pregunta Doris Lessing. Sí, lo tiene, porque nos hace reexaminar actitudes, y eso es siempre útil. El problema es que, como en todos los movimientos de masas, el sector radical muy rápidamente deja de ser un sector (…). Por cada mujer u hombre que usa serena y sensiblemente la idea para examinar las propias suposiciones, hay veinte demagogos y agitadores cuya motivación real es el deseo de poder sobre otros, y no resultan menos demagogos y agitadores porque se vean a sí mismos como antirracistas, feministas o lo que sea”, afirma.

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