“Don Quijote”, primera novela moderna

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Cervantes fue un escritor de su tiempo que escribió sobre los temas y géneros que estaban de moda en aquellos años. Comenzó como poeta antes de su viaje a Italia. Fue “un buen aprendiz de poeta cortesano, que escribe como debe escribir y para lo que debe escribir: el respaldo al poder en ocasión memorable” (Jordi Gracia).

A su regreso a España, tras su aventura italiana y sus años de cautiverio en Argel, se lanza a escribir teatro, el género más popular y el que proporcionaba más posibilidades de conseguir dinero. Le seduce la sencillez teatral y el sesgo popular de las obras de Lope de Rueda, a la vez que se inspira en su propia biografía (su cautiverio en Argel), en la historia de España y en el romancero para sus primeras tragedias. También están de moda las novelas pastoriles y bucólicas que vienen de Italia y que son el origen de La Galatea. Y le resulta fascinante el modo de novelar que se inspira en las novelas bizantinas y que tienen como modelo la Historia etiópica, de Heliodoro, traducida esos años. Sus obras, por tanto, se encuadran perfectamente en la literatura de la segunda mitad del siglo XVI, con un sesgo realista e idealista.

En el “Quijote”, Cervantes rompe los moldes y prefigura lo que será la novela moderna, una literatura de personajes que van cambiando y evolucionando a lo largo de la narración

Sus años de comisario en Andalucía le permiten conocer muy de cerca la vida a ras de suelo de tantos pueblos y la de los barrios populares de Sevilla, que luego llevó a su literatura, especialmente en algunas “novelas ejemplares” y en el Quijote. En esos años lee una obra que le impacta: la novela picaresca Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, que le cuestiona su manera de escribir y de reflejar la realidad más cotidiana. Para Gracia, Cervantes todavía vive encorsetado con las leyes de la alta literatura, a la que él aspira, pero ya está preparado para otro tipo de experimentos, que llegan con el Quijote.

El arte de la ironía

Con esta obra, Cervantes rompe los moldes, se salta las leyes y prefigura lo que será la novela moderna, una literatura de personajes que van cambiando y evolucionando a lo largo de la narración y donde, por el arte de la ironía, nada es lo que parece. Para Gracia, con el Quijote, Cervantes socava “las convicciones dogmáticas y apodícticas de la tradición idealista donde las cosas son lo que son y no pueden ser otra cosa”. Y en su nueva obra entra todo lo que hasta ese momento había escrito, pero con otro tratamiento literario: “Los mejores libros lo tienen todo y el suyo ha de tenerlo todo también, porque todo ha de caber ahí, sin resignarse a que sea solo pastoril o caballeresco o aventurero o amoroso o poético o heroico, sino todos a la vez y sin desdeñar a ninguno”. El experimento está en marcha, con unos personajes, don Quijote y Sancho, que son los que toman las riendas de lo que se va contando.

Este camino literario lo continúa todavía con más libertad en la Segunda Parte del Quijote. Para ello, abandona Cervantes las digresiones literarias y anecdóticas y “acrecienta la dimensión reflexiva”. Don Quijote y Sancho son ahora los principales protagonistas de una obra plural que va más allá de la simple parodia de los ingredientes caballerescos. Aunque Cervantes es plenamente consciente de la novedad revolucionaria de su libro, piensa que los lectores apenas la aprecian, al considerar la obra como meramente humorística y paródica. No será hasta más de cien años después cuando el Quijote se convierta en el paradigma de la novela moderna europea. Como escribía Antonio Machado en un discurso sobre Cervantes, inédito hasta hace muy poco: “El Quijote contenía en potencia toda la novela moderna y fue preciso esperar siglos para que esta se actualizase. Epígonos y discípulos tardíos de Cervantes son todos los novelistas modernos, desde Dickens a Tomás Hardy, desde Stendhal a Proust, desde Gógol a Gorki”. 

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