La censura de moda

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Duración lectura: 2m. 22s.

En un artículo publicado en The Wall Street Journal (31-10-2014), John O’Sullivan –miembro del National Review Institute de Nueva York– hace notar que cada vez es más frecuente que grupos que quieren defender unas ideas intenten silenciar las críticas de otros recurriendo a los tribunales, a los parlamentos o la opinión pública.

Antes de los años 60, los motivos de la censura solían centrarse en la obscenidad, y los censores eran representados como conservadores timoratos. En cambio, la libertad de expresión política era considerada sacrosanta. Pero “a medida que las restricciones legales a la obscenidad fueron difuminándose, la libertad de expresión política comenzó a ser atacada por un nuevo tipo de censores –autoridades universitarias, activistas de grupos étnicos, militantes gais y feministas–”.

“Los nuevos censores esgrimían argumentos como ‘la libertad de expresión nunca debe ser una excusa para el racismo’. (…) Pero si el principio de libertad de expresión no puede justificar al racismo más de lo que puede servir para desaprobarlo, sin embargo es el único principio que puede permitirnos juzgar si un particular lenguaje es racista. Así habría que dar la vuelta al argumento censor: ‘Las acusaciones de racismo nunca deben ser una excusa para prohibir la libertad de expresión”.

Sullivan advierte que antes las justificaciones legales para restringir la libertad de expresión invocaban la seguridad nacional, el mantenimiento del orden público, la incitación directa a la violencia, el libelo, etc. Se suponía que el contenido en sí no era el problema, aunque a veces se camuflaba bajo otras consideraciones.

“Hoy día, el contenido es una justificación cada vez más explícita para restringir la libertad de expresión. El motivo invocado, sobre todo en universidades, es que ‘las palabras hieren’. Así, universidades, parlamentos, tribunales y diversas instituciones internacionales intervienen promiscuamente para restringir el lenguaje ofensivo o hiriente (…) En el nuevo clima, el lenguaje hiriente es mucho más probable que tenga que ver con la expresión política que con la obscenidad”.

Theresa May, secretaria de Interior del gobierno británico, ha explicado que “hay que encontrar un cuidadoso equilibrio entre proteger nuestra valiosa tradición de libertad de expresión y tomar medidas contra los que causan una ofensa de gran amplitud. Si se analizan sintácticamente sus palabras, esto equivale a decir que la valiosa tradición de libertad de expresión no va a ser protegida de hecho. Las palabras que puedan ofender a un grupo significativo de personas –distintas de las palabras que incitan a la violencia o amenazan– serán censuradas o castigadas”.

“Así una cultura pública que solía ser liberal es ahora ‘progresista’, lo que es algo así como el liberalismo menos su compromiso con la libertad”.