El triunfo de la capacidad de conmover

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Duración lectura: 9m. 21s.

En el World Press Photo de este año predominan las imágenes que encogen el corazón
Amsterdam. Frente a la idea del declive del periodismo gráfico, la realidad es que cada año se presentan más candidatos al World Press Photo, el concurso de fotoperiodismo más importante del mundo, que organiza la fundación holandesa del mismo nombre. En los premios que acaban de concederse este año predominan las imágenes conmovedoras, donde la técnica se alía con la pasión.

La imagen de un grupo de soldados y campesinos cavando fosas mientras un niño en primer plano se abraza desolado a la ropa de su padre que van a enterrar ha sido premiada como la World Press Photo del año. La fotografía fue tomada el pasado 23 de junio por Eric Grigorian, fotógrafo armenio, en Qazvin, provincia del noroeste de Irán, con motivo del terremoto que causó 500 víctimas de 12 pueblos de los alrededores.

Por tercera vez en los últimos años el tema premiado se centra en el dolor, la muerte o el infortunio de un niño. La foto tiene una carga emotiva enorme, y en esta ocasión ha contado más la capacidad de conmover que la estética. Además el jurado ha dado preferencia a un desastre que no alcanzó mucho relieve en los medios en su momento y que fue captado por un fotógrafo que no pertenece a la lista de los frecuentemente galardonados.

Con calidad técnica y pasión

Shahidul Alam, presidente del jurado, comenta las razones de la decisión: “La imagen muestra la lucha del hombre contra la naturaleza. Y la fuerza colectiva de la comunidad en un momento trágico. A la vez enfoca con intimidad el dolor del niño que agarra con fuerza los pantalones de su padre. La foto está hecha con calidad técnica y con pasión. Conseguir combinar ambos aspectos sigue siendo lo más difícil de nuestra profesión”.

En el concurso World Press Photo, que se convoca anualmente en Amsterdam, se ha batido de nuevo un récord de participación, ya que se han presentado 53.597 imágenes tomadas por 3.913 fotógrafos profesionales de 118 países.

Durante la rueda de prensa que hace públicos los premios, en un vídeo de 20 minutos se presenta el jurado del WPP -13 profesionales de 10 países- y las 55 instantáneas ganadoras del concurso, pertenecientes a 9 categorías en foto única y reportaje. Las imágenes son la memoria colectiva del año que pasó y actualizan los acontecimientos que ya nos contó la prensa: conflictos armados, Sierra Leona, Israel, el atentado en el teatro de Moscú, etc. Pero incluso en categorías que podrían arrancarnos una sonrisa predomina la imagen que te deja con el corazón en un puño o con una sensación enorme de pena. En naturaleza y medio ambiente, por ejemplo, han sido premiadas imágenes de deforestación y de los incendios de Australia. En reportajes de la vida cotidiana hemos visto prostitución en la Guayana Francesa, o un adolescente con su madre que usan y trafican en drogas en el Bronx. En ciencia y tecnología ha sido premiado un reportaje de identificación de cadáveres en Kosovo.

No faltan cada año retratos de famosos. Arafat aparece en todos los concursos. Esta vez hay además un reportaje de la despedida de Yves Saint Laurent, retratos de Leonardo Di Caprio, de Sharon Stone en Cannes, de Al Pacino, de Colin Powell y Condolezza Rice en la Sala Oval de la Casa Blanca, y otro de un Berlusconi triunfante sentado en un sillón que parece un trono real.

Tendencias

Se mantiene el uso del blanco y negro más o menos en un 50% de las fotos y el color se utiliza de formas muy estudiadas que hacen pensar en el cine. Por ejemplo, el reportaje de Casper Dalhoff sobre un instituto de salud mental en Dinamarca está hecho en color sepia, lo cual destaca el mundo aislado en que viven los enfermos y las instalaciones un tanto anticuadas. Otro reportaje de megápolis de Asia, de Peter Bialobrzeski, está realizado en tonos pastel claro muy armónicos, sacados de los materiales de construcción que se usan.

Uno de los reportajes más inolvidables está hecho por Carolyn Cole para Los Angeles Times. Cole fotografía el interior de la iglesia de la Natividad en Belén y a los palestinos que allí se refugiaron con un enfoque muy comprometido. La angustia de los ocupantes del templo, su fe, la solidaridad, la tensión con que siguen lo que ocurre en el exterior; todo ello a base de claroscuros y entradas de luz en diagonal que hacen pensar en los cuadros de Rembrandt. Muchas otras fotos están tomadas de noche, entre nieblas o buscando unos efectos de luz especiales.

El hecho de que el 70% estén en formato digital podría hacer pensar que resulta fácil saturar el color, “pero no indica que se manipule, pues eso también se puede hacer en el laboratorio”. Esta objeción la hace Pep Bonet, fotógrafo mallorquín que acaba de hacer una Master Class ofrecida por la World Press Photo. Una vez más, la selección de fotos realizadas por quienes han demostrado ser los fotógrafos más competentes del mundo, viajará como exposición itinerante por diferentes capitales del globo. Durante la inauguración el 27 de abril en Amsterdam, Eric Grigorian recibirá su premio.

Shahidul Alam, presidente del jurado de World Press Photo: “La fotografía no ha perdido credibilidad”

Por primera vez desde que en 1955 se convocara el concurso, el presidente del jurado de World Press Photo no proviene de una de las grandes potencias occidentales. Shahidul Alam, fotógrafo y director de Drik Picture Library de Bangladesh, presidió el jurado internacional formado por 13 miembros de diez países distintos. Alam es un fotógrafo que aboga por la independencia del fotorreportero y por una visión más universal de los que pertenecen a su gremio.

— ¿No se ha convertido en una misión imposible elegir las mejores imágenes entre más de 50.000?

— En realidad no elegimos, sino que más bien vamos eliminando las imágenes que no pueden ganar. Esto es diferente de comparar detalles sutiles de una foto con otra. De este modo facilitamos el trabajo de los colegas del jurado para comparar las que van quedando en las últimas rondas.

— ¿Y cuáles son los criterios para ir dejando las mejores?

— Eso ya resulta un asunto más complicado. Son las que sobreviven después de cuatro vueltas de distintos jurados. Las mejores son técnica y estéticamente perfectas, las que transmiten una noticia, las que dan información relevante y son capaces de enfadarte, entristecerte, de hacerte reír, de darte rabia. Son las que al final del día todavía recuerdas con toda su carga visual.

— ¿Cómo es posible valorar una foto en una fracción de segundo?

— Sí que se puede. Es la misma fracción de segundo que le lleva al fotógrafo hacerla.

— ¿Le han chocado algunas imágenes, o ver tantas le deja inmune?

— Claro que me han chocado algunas. Si no fuera así, habría perdido un rasgo de la sensibilidad que debe tener todo hombre y que es esencial.

Interés por otros enfoques

— ¿Existen diferencias entre la mirada del fotógrafo oriental u occidental, del Norte o del Sur?

— Existe una diferencia entre la gente, que depende de cuáles son sus valores, por qué luchan, y en ese sentido existe una diferencia entre los fotógrafos porque somos seres humanos y cada uno actúa según sus raíces. Pero si vas a estudiar fotografía, la influencia europea y norteamericana es enorme. También algunos que no viven bajo esta sombra han desarrollado un modo de mirar parecido. Los libros de grandes fotógrafos son todos occidentales. Pero actualmente, entre la gran mayoría ha comenzado a desarrollarse lentamente el interés por otros enfoques. Está apareciendo un lenguaje diferente.

Otro aspecto es la posición política. La mayoría de la información es dada por Occidente. Son pocos los periodistas que cubren desastres, hambrunas, y que se toman el tiempo necesario para acercarse a comprender la sensibilidad y la cultura de los países donde ocurren.

— ¿Ha perdido credibilidad la fotografía como reportaje, ahora que todo se puede manipular por tratamiento digital?

— No, en absoluto. No olvide que tenemos 26 letras en el alfabeto y las puede combinar en el orden que quiera para expresar su mensaje. La gente le creerá o no dependiendo de la credibilidad de las fuentes. Lo mismo pasa en el caso de la fotografía. Siempre puedes manipular: si tomas una foto o decides no tomarla, en cada momento puedes estar manipulando. Al final de un día de trabajo, lo que cuenta es la integridad, la intención.

Valdrá la pena ir a Irak

— ¿Valdrá la pena ir a Irak como fotorreportero si hay guerra?

— Primero, yo no lo llamo guerra. Para definir algo como guerra tiene que haber lucha entre dos frentes. Pero esto es como la situación de un matón que quiere eliminar a un grupo cualquiera. En este caso de desigualdad el acceso es muy restrictivo. Uno solo va a donde le guían y hay que tener mucho cuidado porque estás bajo control y te están usando. Pero incluso bajo estas condiciones, hay que ir, porque es la única forma de estar en contacto con la realidad y la oportunidad de abrir una pequeña ventana para que se vea algo.

— Usted ha tratado de mejorar la sociedad de su país, Bangladesh, desde su profesión. ¿Cómo lo ha hecho?

— Le contaré un ejemplo muy pequeño. Yo pertenezco a la clase media. Mi madre tiene un joven que limpia la casa. Cuando ella ve la tele, a él no se le permite estar en la sala, la mira desde fuera. Una vez hice una foto de la situación y le di una copia a él y otra a mi madre. Desde ese momento el chico empezó a ver la tele sentado también en la sala. Es un ejemplo sencillo, pero a veces queremos hacer grandes cambios y olvidamos los detalles pequeños que podemos mejorar en nuestro entorno.

— ¿Cuáles son los dilemas con los que se enfrenta un reportero gráfico hoy día?

— Yo pienso que son los que se derivan de las relaciones de poder y la posibilidad de seguir siendo tú mismo. Trabajas para un grupo con determinados puntos de vista. Perteneces a una estructura que te impide ser neutral. La maquinaria no te deja actuar de modo individual. No hay una solución fácil. Hay que buscar vías de publicación independientes, y seguir siendo un reportero gráfico, un fotógrafo y no un instrumento de propaganda para nadie.

Carmen Montón