Bach, en el camino hacia la fe

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Duración lectura: 2m. 46s.

Uwe Siemon-Netto cuenta que la creciente difusión de la música de Bach en Japón está llevando a muchos a descubrir el cristianismo. Su artículo apareció en Civilization (febrero-marzo 2000), la revista de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

(…) Hoy, 250 años después de su muerte, se está produciendo un enorme resurgir de Bach, especialmente en Japón. Allí, en uno de los países menos religiosos del mundo, millares de personas se convierten al cristianismo tras escuchar las cantatas de Bach. En un reciente viaje a Tokio, me admiró el entusiasmo que allí suscita una música que tiene -diría yo- un origen tan específico y extranjero.

Mi intérprete japonesa vino una mañana y me dijo: “Escuchemos algo de Bach para empezar el día”. Sacó un CD con la cantata Vergnügte Ruh, beliebte Seeleenlust, cuya letra dice que el verdadero nombre de Dios es Amor. “Esto me ha enseñado qué significan para los cristianos esas dos palabras -dijo-. Y me gusta mucho”.

A principios de siglo, el arzobispo luterano de Uppsala (Suecia) llamó a las cantatas de Bach “el quinto evangelio”. Hoy, no es raro que tales términos religiosos sean aplicados a Bach por el fundador del Bach Collegium Japan, Masaaki Suzuki, que ha dicho: “Bach nos enseña la noción cristiana de esperanza”; o por Yoshikazu Tokuzen, del Consejo Cristiano Nacional de Japón, quien ha llamado a Bach “vehículo del Espíritu Santo”.

[Bach, explica Siemon-Netto más adelante, también revive en Leipzig, en cuya iglesia de Santo Tomás fue cantor desde 1723 hasta su muerte. Leipzig perteneció a la Alemania comunista hasta la reunificación del país.] Dice Johannes Richter, actual rector de Santo Tomás: “Secularizar esta parte de Alemania fue el único éxito del comunismo. Para muchos, los actos de culto en que se interpretan motetes y cantatas son el único contacto con nuestras tradiciones cristianas”. (…)

Por eso Georg Christoph Biller, 16º sucesor de Bach como Thomaskantor, declara, con toda naturalidad: “Soy un misionero”. Lo mismo piensan otras luminarias musicales de Leipzig, en particular el sueco Herbert Blomstedt, (…) director musical de la orquesta Gewandhaus. “Estoy totalmente con Biller -dice-, y he descubierto que a menudo Bach ofrece un camino hacia la fe”.

El camino de Bach a la fe -y de Tokio a Leipzig- es muy frecuentado en estos tiempos. Los japoneses se convierten y después convergen: van a la Thomaskirche, donde Bach está enterrado frente al altar. Siguen la fastuosa liturgia a cargo del Thomanerchor y la Gewandhaus. Llenan las aulas de la Academia Felix Mendelssohn.

Johann Sebastian Bach era un teólogo; sus composiciones han sido llamadas “teología puesta en música”. Hace veinte años, varios miembros del Thomanerchor me dijeron que Bach trabajaba de misionero entre ellos; hoy, Bach predica a muchos más, no solo al coro. En cierta ocasión, el musicólogo Keisuke Maruyama acometió la extravagante empresa de estudiar los ciclos del leccionario luterano para averiguar cómo habían influido en las cantatas de Bach; pronto el estudio se convirtió en algo más que un mero ejercicio académico. Cuando acabó, Maruyama acudió a Johannes Richter y le dijo: “No es suficiente leer textos cristianos. Quiero ser cristiano. Por favor, bautíceme”.