“Aborigen engañar pobre blanco”

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Duración lectura: 3m. 11s.

Si en el pasado el hombre blanco despreciaba las tradiciones de los indígenas, ahora es casi un artículo de fe reconocer la sabiduría de sus culturas y respetar sus costumbres. Los aborígenes australianos han comprendido el partido que pueden sacar del complejo de culpa de los blancos. La historia la cuenta Bruce Manners, desde Sydney, para The Sunday Telegraph (4-VI-95).

El caso incluye corrupción, un parque de atracciones y una misteriosa tradición aborigen conocida como “asunto de mujeres”. Comenzó el pasado julio, cuando el ministro federal que se ocupa de los problemas de los aborígenes prohibió la construcción de un puente entre la isla Hindmarsh, reservada para un gran parque de atracciones, y el sur de la tierra firme australiana. La prohibición, que impediría el proyecto, se adoptó porque mujeres de la tribu Ngarrindjeri aseguraron que Hindmarsh era la base espiritual de su fertilidad. Acabar con su aislamiento, decían, destruiría su capacidad de dar a luz. (…)

En algunas tribus aborígenes, ciertos conocimientos, e incluso ciertos objetos, no pueden ser vistos por los hombres. Esta tradición del “asunto de mujeres” es ampliamente respetada por los australianos blancos. O al menos lo era hasta el mes pasado, cuando siete mujeres de la tribu Ngarrindjeri anunciaron que otros miembros de la tribu habían inventado esas historias.

Bertha Gollan, de 75 años, que dice ser la cuarta mujer más vieja de la tribu, descalificó el secreto del “asunto de mujeres” como “tonterías”. “He conocido desde que eran niñas -dijo- a la mayoría de las chicas que no hacen más que hablar del ‘asunto de mujeres’ secreto, y no sé sobre qué deliran. Ninguna de mis tías o parientes mencionó jamás nada acerca del ‘asunto de mujeres’. La broma ha ido demasiado lejos y ya es hora de acabar con ella”. Otra de las mujeres, Dorothy Wilson, de 48 años, dice que la primera vez que oyó hablar del “asunto de mujeres” fue a los hombres de la tribu que se oponían a la construcción del puente. (…)

Aunque los aborígenes respetan la tierra, a la que atribuyen un significado espiritual, el concepto de “lugar sagrado” -con la importancia religiosa de una iglesia cristiana- es un invento de los abogados blancos. Según la legislación elaborada en los años 70 sobre los derechos territoriales de los aborígenes, estos pueden reclamar la tierra si tenían lugares sagrados en ella. Desde entonces, el número de tales lugares ha crecido exponencialmente.

Ahora la polémica ha ido más allá del asunto de la isla y ha llevado a replantear por primera vez las mismas bases de la política de asistencia a los aborígenes. (…) Desde 1972, el gobierno australiano, cualquiera que fuera el partido gobernante, ha dedicado crecientes sumas de dinero y otras ayudas a los aborígenes, que suponen el 2% de la población y en muchos casos viven en pésimas condiciones. Pero como el aumento de las ayudas apenas se ha traducido en la mejora de la salud y del bienestar de los aborígenes, finalmente esta política ha sido objeto de un atento examen.

El mes pasado, la principal agencia del gobierno para la asistencia de los aborígenes informó que el Servicio Legal Aborigen de Queensland violaba habitualmente las reglas sobre el uso de fondos públicos y malgastaba cientos de miles de dólares. Informes similares se han dado respecto a otros grupos aborígenes. El líder de la oposición ha pedido que se abra una investigación judicial sobre la prohibición del puente, mientras que el gobierno acusa a la oposición de utilizar una campaña calumniosa para socavar la espiritualidad de los aborígenes.

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