Y tú, ¿cuántos padres tienes?

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Lo importante es que el niño sea deseado y querido. El tipo de familia en la que nazca es lo de menos. Esta es la premisa de la “paternidad intencional”, que pretende justificar así el afán de tener descendencia a toda costa en situaciones cada vez más variadas (madres solteras por elección, parejas de lesbianas y de gays, recurso a vientres de alquiler…).

Algunas madres por elección piensan que mediante la utilización de un donante anónimo de esperma puede evitarse el incontrolable mundo del romance

No hay duda de que en esos casos, como en las familias naturales, el niño puede ser muy deseado. Pero ¿basta el deseo para asegurar el bienestar del niño o influye también la estructura de la familia en la que nace?

Esto es lo que se plantea el informe ¿Un padre o cinco? Una mirada global a las nuevas familias intencionales, de la profesora Elizabeth Marquardt, directora del Centro de Matrimonio y Familias en el Institute for American Values en Nueva York y editora de FamilyScholars.org.

El Informe muestra al lector una panorámica de las nuevas familias intencionales de hoy (comunidades “familiares” de lo más heterogéneo donde ha habido una intención de criar hijos) formadas por uno, dos, tres, cuatro e incluso cinco padres de familia. Marquardt considera que estas formas de familia son recientes, raras, o presentan demasiados dilemas que deben ser estudiados a fondo.

Basta querer

En los debates actuales sobre familia frecuentemente se escucha este nuevo término de “paternidad intencional”. El concepto surgió en los años noventa para resolver pleitos sobre el reconocimiento legal de los hijos de las madres lesbianas. Según los defensores de esta ideología, todo el mundo puede ser un padre intencional: los heterosexuales, los homosexuales, los casados o los solteros…

No se incluyen aquí los casos de los divorciados vueltos a casar, ni de las madres solteras por accidente, las viudas o los padres adoptivos. Tampoco las abuelas que crían a sus nietos o las parejas casadas que se hacen cargo de sobrinos. En ninguno de esos casos los adultos deciden activamente. Las familias intencionales son aquellas que piensan en ser padres de antemano, y deciden con orgullo: sí, yo quiero hacer esto; es mi decisión.

¿Son los niños productos que encargamos para colmar los deseos de los adultos o criaturas vulnerables, cuyas necesidades deben tener prioridad?

La idea de la “paternidad intencional” se ha invocado en casos de disputas ante los tribunales.

Diane Ehrensaft, psicóloga clínica en Berkeley, y autora de Mommies, Daddies, Donors, and Surrogates: Answering Tough Questions and Building Strong Families, recuerda el caso de la pareja formada por Luanne y John Buzzanca, que a finales de los años noventa, tras comprar óvulos y espermas de extraños, y luego alquilar el útero de una mujer para dar a luz a una niña, se divorciaron, y el hombre se negó a asumir el mantenimiento del niño aduciendo que él no era el padre.

“La decisión del tribunal de determinar que ambos eran los padres se hizo sobre la base de que estas dos personas habían tenido la intención de tener este hijo juntos –explica Ehrensaft–. Si queremos saber a quién pertenece un niño, preguntémonos quién hizo planes para tenerlo”.

Nancy Dowd, profesora de Derecho de la Universidad de Florida, argumenta que la paternidad debe definirse jurídicamente por los “cuidados intencionales y continuos” en vez de por “los genes, el matrimonio y el dinero”.

La idea de paternidad intencional ha dejado un léxico legal en el vocabulario académico lleno de largos sinónimos que conforman la idea de familias definidas no necesariamente por el matrimonio, la sangre o la adopción, sino por la elección.

Kathleen M. Galvin, profesora de Comunicación en la Universidad Northwestern (EE.UU.), define la familia intencional como “familia formada sin lazos biológicos o legales, constituida por miembros que se definen a sí mismos”.

Más recientemente, la paternidad intencional ha sido encomiada por las lesbianas que recurren a las técnicas de reproducción asistida y los gays que “encargan” un niño por “maternidad subrogada”. No tendrían nada que envidiar a las parejas tradicionales porque las parejas homosexuales dedican mucho más tiempo a planear convertirse en padres. “Ninguno de nuestros niños son accidentes”, dicen. Este elevado nivel de compromiso sería lo más importante para la crianza del hijo.

El hijo muy deseado

Tras revisar con detalle en este estudio la diversidad de paternidades que pueden darse, la defensa de sus impulsores y las objeciones que se plantean, Marquardt observa: “Durante mucho tiempo, el eslogan de los abortistas ha sido ‘Que todo niño sea un niño querido’. En nuestro debate cultural sobre embarazo y procreación, la idea de que ser planificado y querido es importante para el bienestar infantil es ampliamente aceptada. En general, parece tener sentido que los niños que son queridos desde el principio serán en un futuro jóvenes felices y saludables”.

Y continúa: “El año pasado, mis colegas y yo realizamos un informe titulado Mi papá se llama donante [ver Aceprensa, 4-06-2010], un estudio sobre jóvenes que fueron concebidos mediante donación de esperma. Comparados con los que fueron adoptados, los concebidos por donación de gametos se mostraban más dolidos y confusos, más aislados de sus familias y presentaban más riesgos de sufrir adicciones y depresiones, o de cometer delitos. (…) La mayoría de hijos de donantes coinciden en sostener que el anonimato debe terminar y que ellos tienen derecho a saber quiénes son sus padres biológicos”.

Tener un niño para “realizarse”

En Norteamérica, las llamadas choice mums (mamás por elección) defienden su maternidad en solitario como un acto de emancipación o de realismo: mediante la utilización de un donante anónimo de esperma puede evitarse “el incontrolable mundo del romance”, según Lori Gottlieb, una choice mum convencida. También se evitan los posibles conflictos por la custodia del hijo. Y todo ello consiguiendo lo que parece ser su principal objetivo: realizarse personalmente.

Pero esto no es exclusivo de las mujeres. En un ambiente en que prevalece el deseo de tener hijos sobre sus intereses, no es extraño que un grupo de hombres, muchos de ellos homosexuales, haya creado la asociación Single Fathers By Choice. Los SFBC encuentran algunos problemas adicionales, en la biología y también en el derecho. Se sienten doblemente discriminados, por gays y por hombres. Pero todo lo vence el deseo irrefrenable de ser padres. Poco importa que el niño no conozca a su madre, o que tenga muchas más posibilidades de vivir en un hogar desestructurado.

Otra forma muy pragmática de satisfacer el anhelo de paternidad podría ser la clonación reproductiva. Hasta ahora solo se ha discutido sobre la clonación terapéutica, pero ¿no colmaría los deseos de los single fathers y las single mothers una forma de paternidad que evitara los engorros del donante de esperma “idóneo” o la madre de alquiler repentinamente encaprichada con el hijo de sus entrañas? Así lo piensan algunos defensores de la paternidad a toda costa.

Ni siquiera la muerte parece poder vencer las ansias paternales de algunos. Marquardt recoge la historia de una joven que pidió que extrajeran esperma de su novio recién muerto para poder tener un recuerdo de él en forma de niño.

Romanticismo, valentía, paternidad… ingredientes demasiado bonitos para pensar en los intereses del niño.

Deseos del adulto y necesidades del niño

“Como algunos de los más destacados impulsores de la paternidad intencional de hoy se encuentran entre líderes gays y lesbianas, el debate sobre si la paternidad intencional realmente es lo mejor para el bienestar de los niños necesariamente está mezclado con los intereses de gays y lesbianas”, asegura Marquardt.

Para Marquardt, el auge de formas “alternativas” de paternidad, que además pretenden ser las más adecuadas para el niño, deriva de una afirmación que por lo menos ha de ser relativizada: que el factor más importante para el futuro bienestar del hijo es que haya sido “planeado” y querido; que no sea el fruto de un accidente.

Pero Marquardt, sin negar la importancia de que el niño sea fruto de una decisión deliberada, discute que la condición de “querido” sea la más importante para el bienestar del hijo: “Quizás, lo que viene después –la estructura familiar en la que el niño se criará– importa tanto o más que lo otro”.

Marquardt no se refiere con esto solo al colectivo homosexual, sino que es parte de una argumentación presente a lo largo de todo el estudio a favor de las familias fundadas por una pareja heterosexual y comprometida por el matrimonio. De hecho, también aporta datos acerca de la mayor insatisfacción vital de los hijos criados en familias heterosexuales pero desestructuradas.

La investigadora advierte que el valor de la paternidad intencional no es una cuestión ya cerrada, sino bastante debatida y genera multitud de interrogantes: “¿Les va igualmente bien a los niños con un padre, con tres o con cinco? ¿Los jóvenes echan de menos a su padre o madre biológicos? Si el matrimonio de dos personas es ya frágil ¿un conjunto de tres será más estable? ¿Hay algo extraordinario en querer mantener unidos en el matrimonio al hombre y a la mujer que han dado lugar al niño, por el bien del hijo y de cada uno de ellos? ¿Son los niños productos que encargamos para colmar los deseos de los adultos, o criaturas vulnerables con una dignidad personal, cuyas necesidades deben tener prioridad?

En el actual debate sobre la familia, estas son las cuestiones que están sobre la mesa. Lo que está en juego es nada menos que el bienestar de esta generación y de las futuras”.

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