Un gasto desproporcionado

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El presidente norteamericano, Bill Clinton, ha decidido asignar recursos extraordinarios (17.000 millones de dólares) a la lucha contra el SIDA, con el objetivo de hallar una vacuna antes del año 2008. Un editorial del Investors Business Daily (21-V-97) sostiene que es un gasto desproporcionado, en comparación con el empleado en combatir otras enfermedades.

(…) No es la primera vez que se manipula la tragedia del SIDA. Los medios de comunicación y los políticos de izquierda han puesto todo su empeño en hacernos creer que el SIDA se extiende como un fuego en el bosque.

Veamos los comentarios de Clinton con ocasión del reciente nombramiento de Sandy Thurman como nuevo responsable de la lucha contra el SIDA: “Esta es una crisis de proporciones monumentales… No es una epidemia que afecta a unos pocos. Es una epidemia que nos afecta a todos”.

Pero basta un vistazo a los números para comprobar que en este país, el SIDA, aunque no está exactamente desapareciendo, presenta un claro descenso. El número de nuevos casos alcanzó el máximo en 1993 y viene bajando desde entonces. Las muertes por SIDA llegaron a 46.000 en 1994 y empezaron a disminuir rápidamente el año pasado, hasta 25.000.

Sin embargo, el SIDA sigue teniendo tanta fuerza política como siempre. Al SIDA se destina más recursos públicos por cabeza que a otras enfermedades que afectan a más personas. Según el Departamento de Sanidad, el gobierno federal gasta en el SIDA alrededor de 1.500 millones de dólares al año, frente a 2.500 millones en el cáncer y 1.000 millones en enfermedades del corazón, que causan muchas más muertes que el SIDA.

Un estudio de James Crapo, profesor de medicina y patología en la Universidad Duke, muestra que en 1991, el SIDA era la novena causa de muerte en Estados Unidos, con 11,7 fallecimientos por 100.000 habitantes. Este índice es mucho menor que el de las enfermedades del corazón (285,9 muertes por 100.000 habitantes), el del cáncer (204,1) y el de las hemorragias cerebrales (56,9).

Por supuesto, la vacuna contra el SIDA sería la prevención definitiva. Pero el SIDA ya es evitable, en gran medida, mediante el oportuno cambio de conducta.

Pese a lo que dicen los activistas, el SIDA discrimina. Casi la mitad de los casos son de homosexuales, señalan los Centros para el Control de Enfermedades. Otro 21% se debe al consumo de drogas por vía intravenosa. Alrededor del 8% viene de relaciones heterosexuales. Y el 14% de los casos son de personas que han podido contraer el virus por varias de esas vías.

(…) Y muchos expertos se muestran escépticos con respecto a las posibilidades de hallar una vacuna contra un virus que destaca por ser un blanco esquivo. El VIH muta a velocidades pasmosas. (…) Así que, por ahora, es más importante el comportamiento que el gasto público.

(…) Hay nuevas variedades de enfermedades viejas, como la tuberculosis, que se hacen cada vez más resistentes a los actuales tratamientos. (…) Y exóticos virus mortales, como el Ebola, hacen temer nuevas y catastróficas epidemias llegadas de fuera.

El coste de declarar la guerra total contra el SIDA se presenta bajo dos formas. La primera es el dinero total que cuesta. La otra, mucho mayor en potencia, es la desviación de fondos y esfuerzos que se podrían emplear en combatir otras enfermedades que suponen un peligro mucho mayor para la población. Ha llegado la hora de anteponer la salud pública a la política, el buen gobierno a la demagogia.

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