Tener hijos no es un derecho

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Duración lectura: 2m. 43s.

En las páginas de opinión del NCR Handelsblad (10-V-96), René Hoksbergen cuestiona la opinión del Colegio de Médicos holandés, que no ve objeciones a la fecundación in vitro aplicada a mujeres de más de 50 años, mientras que la adopción sólo se concede bajo condiciones muy estrictas. Hoksbergen es catedrático de Ciencias Sociales en la Universidad de Utrecht.

El título del artículo es “Tener hijos no es uno de los derechos humanos”. Hace referencia a la premisa de la que el Colegio de Médicos extrae su conclusión: “Si técnicamente es posible, ¿por qué permitirlo a unas mujeres y a otras no?”. Hoksbergen señala con preocupación que la inseminación artificial se ha convertido en una cuestión exclusivamente médica, mientras que se habla poco de las consecuencias que tiene para los niños así concebidos.

“Para empezar -afirma Hoksbergen-, el ‘derecho a tener hijos’ resulta éticamente indefendible tanto si se es fértil como si no. Desde que los médicos han convertido en pacientes a los que no pueden tener hijos, se cree lícito aplicar tratamientos a estas personas, sin más límites que los que imponga la técnica”.

A continuación, Hoksbergen pasa revista a las consecuencias que tendrá la fecundación artificial tardía para la educación de los niños concebidos de esta forma. “¿Tendrá una madre las energías necesarias para enfrentarse a los 64 años con la pubertad del hijo? ¿No resultará el abismo generacional demasiado grande? Además, ¿de quién es el hijo? En caso de donación de gametos no hay ningún tipo de parentesco biológico. La práctica clínica y la investigación señalan que esto, para una persona así engendrada, no es un factor positivo. Muchas personas, al llegar a cierta edad, desean ardientemente saber quiénes son sus padres. Si no tienen respuesta pueden sufrir un deterioro de las relaciones con sus padres legales, entre otros problemas y obsesiones”.

“Si se comparan las reglas de la inseminación artificial con las condiciones exigidas a las parejas que quieren adoptar, éstas resultan inaceptablemente injustas”. En Holanda, los adoptantes no pueden tener más de 40 años. El Tribunal Tutelar de Menores examina las motivaciones de los padres; alegar razones como dar sentido a la vida o sustituir a un hijo perdido basta para que se descarte la solicitud. Los nuevos padres tienen que seguir cursos de preparación y pagar sumas considerables.

Concluye Hoksbergen: “El desarrollo médico es importante para el bienestar humano, pero en lo concerniente a la inseminación artificial se pasa de la raya. ¿No tendría que centrarse en el derecho del niño?”.

Habría que examinar con mucha más atención las consecuencias para quienes nacen de inseminación artificial. Tales prácticas, “de hecho, son experimentos con personas que no pueden expresar su consentimiento. Es necesario, pues, un urgente debate público para reflexionar sobre estas técnicas. Además, sería aconsejable que la voz de los médicos no fuera aquí mayoritaria. En cuestiones de procreación, los aspectos éticos, pedagógicos y psicológicos son los definitivos”.