Sin financiación privada, la investigación en Europa no alcanzará a EE.UU.

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Duración lectura: 3m. 45s.

Alarmada por su retraso en investigación respecto a EE.UU., la Unión Europea se propone aumentar el dinero público y privado dedicado a I+D, y ofrecer condiciones más atractivas a sus científicos para evitar la “fuga de cerebros”.

El retraso se mide con relación a los más directos competidores por el liderazgo en la carrera del conocimiento: EE.UU. y Japón. Según el comisario europeo de Investigación, Philippe Busquin, “la distancia entre la UE y los EE.UU. en cuanto a los gastos de investigación se ha acentuado en 2001, manteniéndose así la tendencia ya constatada desde la mitad de los años noventa”. En 2001, la UE dedicó a investigación el 1,9% del PIB, frente al 2,8% de EE.UU. y al 3,1% de Japón.

La UE se ha propuesto que los recursos destinados a la investigación alcancen el 3% del PIB en 2010 (actualmente solo Finlandia y Suecia lo consiguen). Para llegar a ese nivel en el conjunto de la UE, sería necesario que la financiación de la investigación aumentara a un ritmo del 8% anual, cuando ahora crece a un 4,4%.

Pero esto no se conseguirá solo con la buena voluntad de los gobiernos. “Nuestro objetivo es un 1% del PIB de investigación pública y 2% de investigación privada”, resume Busquin, mientras que el nivel actual es 0,75% del sector público y 1,15% del privado. En concreto, espera que la banca se comprometa más en la financiación de la investigación, un campo que hasta la fecha le ha parecido demasiado arriesgado.

La necesidad de financiación privada para la investigación es especialmente acuciante en países donde las finanzas públicas están en números rojos, lo que obliga a poner freno al gasto. Es el caso de Francia, cuyos centros de investigación claman contra la escasez presupuestaria, aunque es el país europeo que dedica más recursos públicos a la investigación (un 1,03% del PIB). Este mes de enero circuló una petición electrónica con el dramático título “¡Salvemos la investigación!”, que ha sido firmada hasta la fecha por más de 13.000 investigadores, universitarios y doctorandos de centros públicos. En este texto lamentan la penuria económica en que realizan su trabajo, y los directores de centros de investigación amenazan con dimitir si no reciben con urgencia las dotaciones presupuestarias atrasadas y si no se aumenta de modo significativo la contratación de jóvenes investigadores en 2004. Según dicen, “la desesperanza de los más jóvenes se ha convertido en un problema central de nuestros laboratorios”.

Si los jóvenes investigadores encuentran tantas dificultades para abrirse camino en Europa, no es extraño que muchos se sientan atraídos por EE.UU., que se nutre de cerebros venidos de todo el mundo. Actualmente unos 400.000 científicos e ingenieros originarios de Europa viven en EE.UU.

Según una encuesta encargada y publicada por la Comisión Europea, las tres cuartas partes de los que fueron a EE.UU. a hacer el doctorado entre 1991 y 2000 (unas 11.000 personas), no tienen intención de regresar a Europa. En un reciente reportaje de Time (19-I-2004), jóvenes investigadores europeos afincados en EE.UU. justificaban su éxodo no solo por disponer de más medios y mejores sueldos, sino también por la mayor flexibilidad americana frente a la burocracia, las rígidas jerarquías y la falta de perspectivas de carrera que son un corsé para investigar en Europa.

En consecuencia, dentro de diez o quince años, la UE corre el riesgo de carecer del suficiente personal altamente cualificado. Ya en estos momentos la distancia entre Europa y EE.UU., en lo que se refiere a patentes y publicaciones científicas, sigue creciendo.

La dispersión de esfuerzos es también un obstáculo para que la UE compita con EE.UU. y Japón. Por eso las instancias europeas están procurando unir fuerzas. Un grupo de instituciones universitarias de alto nivel, en las que se incluyen el Karolinska Institutet de Estocolmo, Cambridge y la Universidad de Leiden, han formado la League of European Research Universities (LERU), para poner recursos en común y formar un lobby que batalle por más financiación. En esta línea, la UE está tratando de desarrollar un Área Europea de Investigación, para establecer redes entre investigadores de distintos países, crear sinergias y elevar el nivel.