Se multiplican la revistas científicas que solo publican resultados negativos

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Se calcula que el 90% de los artículos que publican las revistas científicas hablan de un hallazgo, un nuevo medicamento, el éxito de un experimento, etc. Pero es muy poco frecuente que vea la luz un “resultado negativo”, a menos que tenga mucha trascendencia o cierto interés mediático. Siempre ha sido así, y muy en especial con los estudios que ponen en duda la seguridad o eficacia de algún medicamento.

Sin embargo, se están multiplicando las revistas científicas que publican exclusivamente investigaciones con resultados negativos. La lógica de estas revistas es que el lado “positivo” de la investigación científica es solo una parte de la realidad. Pero, además, los editores creen que no publicar los resultados negativos, a la larga, provoca gastos innecesarios de tiempo y de dinero.

Bjorn Olsen, de la Harvard Medical School y fundador del “Journal of Negative Results in Biomedicine”, pone un ejemplo. A principios de los ochenta, diversos experimentos concluyeron que el anticuerpo Ras-5 se pegaba exclusivamente a una proteína relacionada con el cáncer, llamada Ras. Los científicos que utilizaron Ras-5 notaron la presencia de Ras en todos los tumores humanos, lo que sugería que estaba detrás de muchos tipos de cáncer. Hubo resultados negativos (casos en que el anticuerpo se unía también a otras moléculas), pero como se publicaron en revistas prácticamente desconocidas, los investigadores siguieron usando Ras-5 y llegando a conclusiones equivocadas durante años. Según Olsen, “si esos resultados se hubieran publicado antes, los científicos habrían ahorrado mucho tiempo y dinero” (“The Wall Street Journal”, 15-09-06).

Este tipo de revistas tienen interés especial en publicar los estudios que ponen en duda la relación entre un gen y una enfermedad. Según los editores, sacarlos a la luz sirve para minar la idea simplista de que determinados genes provocan inevitablemente enfermedades y, al contrario, demuestra que el comportamiento de los genes depende de la llamada “herencia genética” -todo el ADN-, y que afecta a cómo se activan o no los genes individuales. No hay muchas oportunidades de leer esto en la prensa. No obstante, confían en que el interés que han suscitado estas revistas sirva para que no se gaste tiempo intentando resolver las supuestas asociaciones genéticas.

Gran parte de los artículos de otra de las revistas, el “Journal of Negative Observations in Genetic Oncology”, son de ese tipo. Su editor, Scott Kern, de la Johns Hopkins University, dice que “más de la mitad de los descubrimientos de nuevas mutaciones tumorales no se han confirmado en la literatura científica posterior. Pero tampoco se publican artículos que pongan en duda alguno de esos descubrimientos”. Kern añade, además, que muchos científicos son reacios a publicar los resultados negativos porque eso facilitaría el camino a equipos investigadores rivales. Todo sea por amor a la ciencia.

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