Preocupa en Francia el creciente y abusivo consumo de psicotrópicos

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Duración lectura: 4m. 29s.

El creciente recurso a los medicamentos psicotrópicos para paliar el malestar psíquico preocupa en Francia, que es el país europeo que más fármacos de este tipo consume. Igualmente, en EE.UU. se multiplican las advertencias de las autoridades sanitarias por el posible riesgo de suicidio ligado a los medicamentos antidepresivos que se recetan a los adolescentes.

En 2000 a la cuarta parte de los asegurados franceses se les recetó al menos una vez psicotrópicos (antidepresivos, ansiolíticos o somníferos). Los consumidores regulares son el 11,2% de los afiliados a la Seguridad Social. En el caso de las mujeres, pasa de un 31%, y ronda o supera la mitad a partir de los cincuenta años de edad.

Consumidor no es lo mismo que enfermo, y menos en Francia, donde un estudio del seguro de enfermedad (CNAM) afirma que, en concreto para los antidepresivos, la tasa de consumo (9,7%) es doble que la de los diagnosticados de depresión (4,7%). En el 40% de los casos, los consumidores han tomado más antidepresivos de lo que se les había recetado, y para el caso de los más mayores, el CNAM considera “preocupantes” los niveles de consumo.

El mercado de psicotrópicos se ha triplicado en Francia entre 1980 y 2001, En particular, han aumentado las ventas de antidepresivos, que suponían el 25% de los psicotrópicos adquiridos en 1980 y casi la mitad de los vendidos en 2001. La aparición de productos con menos efectos secundarios, como el Prozac o el Deroxat, ha propiciado que se receten no sólo en casos de episodios de depresión, sino para paliar alteraciones de ánimo.

El profesor Edouard Zarifian, del hospital universitario de Caen (Normandía), a quien en 1995 se encargó un informe sobre la prescripción de psicotrópicos, declaraba al diario “Le Monde” (7-IX-2004) que los médicos, sobre todo los generalistas, no están bien formados para establecer un diagnóstico ante un síntoma de ansiedad o depresión, y distinguirlo de avatares de la vida que pueden hacer a la gente desgraciada pero que no constituyen una enfermedad. Además, la información que reciben vienen casi exclusivamente de la industria farmacéutica, interesada en vender. Por otra parte, los médicos generalistas tienen que atender a un elevado número de pacientes con “descompensación” o angustia ligada a conflictos laborales o familiares, y se ven abocados a recetar psicotrópicos, lo cual es, para Zarifian, “mejor que dejar que recurran al alcohol, el tabaco o el cannabis, a condición de que haya un médico que los supervise”.

Según un estudio del Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) citado por el mismo diario, en la última década ha aumentado particularmente el número de personas entre 35 y 55 años que consume antidepresivos a raíz de crisis pasajeras. En estos casos, los medicamentos son tomados como paliativos y es frecuente que se derive hacia una situación de dependencia crónica.

En EE.UU. un comité de expertos nombrado por la Food and Drug Administration (FDA) – la agencia para la seguridad de los medicamentos- ha recomendado que se ponga en guardia a los médicos y a los pacientes sobre los riesgos de suicidio que suponen los antidepresivos recetados a niños y adolescentes. Tras revisar 24 estudios, realizados sobre 4.000 niños y adolescentes, ha dictaminado que en estas edades los antidepresivos usados tienen más riesgos que beneficios. Hay pocas pruebas que demuestren que son eficaces para combatir la depresión, mientras que el riesgo de tendencias suicidas aumenta, aunque el riesgo es relativamente débil, pues pasa del 2% al 3%. Ninguno de los estudios establecía una relación de causa-efecto entre antidepresivos y suicidio, pero reflejaban el aumento de ideas y de tendencias suicidas.

Las recomendaciones del comité han tenido un fuerte eco entre los psiquiatras y pediatras, según opiniones recogidas en “The New York Times” (16-IX-2004). Algunos piensan que habrá que restringir el uso de antidepresivos con los adolescentes. Para otros lo prudente es esperar a que existan pruebas más seguras. Desaconsejar el uso de antidepresivos, dicen, podría causar un mayor mal a los adolescentes. La FDA tiene muy en cuenta las conclusiones de los comités asesores, pero no está obligada a seguirlas.

Para las compañías farmacéuticas, está en juego también una importante cifra de negocio. En 2002, los antidepresivos recetados a niños y adolescentes suponían el 8% de ese mercado.

En lo que los especialistas están de acuerdo es en que no se puede recetar estos fármacos a adolescentes tras una consulta médica de veinte minutos, pues el diagnóstico a estas edades es complejo. A juicio de Xavier Pommereau, jefe de servicio de la unidad de adolescencia del hospital universitario de Burdeos, el creciente recurso a los psicotrópicos para los jóvenes “es el signo de una sociedad ansiolítica que trata de erradicar los síntomas en vez de reflexionar sobre las causas de su aparición” (“Le Monde”, 17-IX-2004). En su servicio recibe a veces a adolescentes que están enganchados a los fármacos desde hace dos o tres años. Estos jóvenes “utilizan, dentro de una actitud consumista, el alcohol, el cannabis o los medicamentos como una goma de borrar los problemas para no afrontar la realidad”.

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