No son alimentos “bio” todos los que llevan la etiqueta

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En Francia se están descubriendo fraudes en la agricultura biológica

En Francia se están descubriendo casos de fraude en productos de agricultura biológica, de los que existe una creciente demanda. En los últimos meses se han abierto varias investigaciones sobre productos que llevan la etiqueta de “bio” cuando, por sus verdaderos ingredientes, no la merecen.

Nacida en los años 70, la cadena de producción “bio” (productos elaborados con ingredientes totalmente naturales) se encuentra en una crisis de crecimiento que toca los fundamentos de su identidad. Desde que las grandes superficies han invertido masivamente en este negocio, la demanda de productos bio/ecológicos ha crecido un 30% en 1999.

Víctima de su éxito, este sector, artesanal en su origen, ha suscitado no pocos fraudes. Según informa Le Monde, la Justicia investiga la importación y comercialización de cereales de dudoso origen. Según la Dirección de la competencia y de la represión de fraudes, este tipo de irregularidades afectan a “una parte significativa” del mercado, y a “una decena de grandes operadores”.

El procedimiento de fraude es sencillo. Un negociante compra cereales convencionales y emite certificados falsos de procedencia biológica. Luego, los cereales son revendidos a las empresas “bio”, ya sea a fabricantes de comida para animales, ya sea directamente a los ganaderos. Como el precio de los cereales “bio” es doble que el de los convencionales, en razón de los requisitos suplementarios de producción, el beneficio ilícito puede oscilar entre 50 céntimos y un franco por kilo, según el cereal.

Por otro lado, como señalan los expertos en nutrición, los productos “bio” no son necesariamente mejores para la salud que los convencionales; simplemente, son los que se han producido de manera natural y respetuosa con el medio ambiente. Para que un producto lleve la etiqueta de “bio”, el 95% de su contenido deben ser ingredientes naturales.

El negocio “bio” mueve cada vez más dinero. Sobre todo, desde que los grandes supermercados distinguen entre sus productos aquellos que se denominan biológicos, que aparentemente son mejores y que tienen un precio más elevado.

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